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¿El turno de las potencias medias? AMF 2026

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25.02.2026

El mundo que conocimos hasta hace unos años ha dejado de existir. Esa fue una de las premisas de la reunión del Aspen Ministers Forum de este año, celebrada en Berlín hace dos semanas. Una sede particularmente significativa: pocas ciudades encarnan mejor que la capital alemana la experiencia de ver un orden derrumbarse y construir otro prácticamente desde cero.

Una pregunta dio sentido a nuestras sesiones de trabajo: ¿Quién asume la responsabilidad de estabilizar un sistema internacional abandonado, incluso desmantelado, por sus principales arquitectos?

La agenda se inauguró con un análisis sobre China: sus motivaciones internas, estrategia regional y ambiciones globales. Le siguió una discusión sobre la segunda administración Trump y su impacto en el orden multilateral. Una sesión sobre tecnología y democracia completó el diagnóstico: los algoritmos y las plataformas digitales son, más que un desafío técnico, un factor indispensable para entender la erosión de la confianza en las instituciones; y obligan a pensar con seriedad cómo se limita el poder de los oligarcas tecnológicos y cómo se regulan las nuevas tecnologías para el beneficio más amplio de las personas.

Quizá la sesión más relevante fue la que encabezó Hillary Clinton, en la cual intentamos resolver el gran dilema del presente: cómo los países del llamado sur global y las potencias medias podemos navegar la rivalidad entre grandes potencias sin sacrificar nuestra autonomía. Es una cuestión central para México. Nuestra posición en el mundo no puede depender de elegir entre dos bandos, sino de construir una política exterior lo suficientemente sólida como para preservar nuestra independencia.

Tuve el honor de presidir una sesión sobre desarrollo global en la que se atendió un tema que muchos prefieren no tocar. El retiro de Washington de los esfuerzos de cooperación internacional representa el agotamiento de un modelo. Ese modelo, vigente desde el final del siglo XX, asumía donantes estables, instituciones confiables y una separación razonablemente clara entre cooperación, comercio y seguridad. Esas fronteras han desaparecido.

La pregunta no es quién va a reemplazar a USAID, sino qué arquitectura reemplaza al consenso que USAID representaba. Y ahí es donde, a mi juicio, las potencias medias con capacidades institucionales —México, Brasil o India, entre otros— enfrentamos una responsabilidad histórica que no teníamos hace una década. Puntualmente, eso exige diversificar el financiamiento, fortalecer la cooperación Sur-Sur y, sobre todo, actuar con coherencia: no podemos defender el multilateralismo en el exterior mientras despreciamos sus principios en el interior.

Regresé de Berlín con la certeza de que el AMF sigue siendo uno de los pocos espacios donde es posible tener conversaciones de altura, con honestidad, sin agendas políticas ni compromisos electorales. Pero, sobre todo, con una convicción renovada: el desafío para países como México no es adaptarse al nuevo sistema. Es tener la visión y la voluntad política para contribuir a construirlo.

CLAUDIA RUIZ MASSIEU 

DIPUTADA FEDERAL DE MOVIMIENTO CIUDADANO


© El Heraldo de México