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Hoy les estamos diciendo a las niñas todo lo que pueden ser

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La conmemoración del Día Internacional de la Mujer, en Campo Marte, fue un recordatorio de cuánto ha cambiado México, de lo que aún falta, pero, sobre todo, de lo que ese cambio significa para las niñas que hoy están creciendo en nuestro país.

El verdadero sentido de estos momentos no está sólo en mirar hacia atrás y reconocer las luchas de quienes abrieron camino. Está también en mirar hacia adelante y preguntarnos qué mensaje les estamos dando a las nuevas generaciones de niñas mexicanas.

En su discurso, la Presidenta Claudia Sheinbaum nos habló a las mujeres, pero también a las niñas. De esas niñas que hoy crecen en un país donde cada vez hay más mujeres ocupando espacios que antes parecían imposibles.

Durante mucho tiempo, muchas niñas crecieron escuchando límites. Límites sobre lo que podían estudiar, sobre lo que podían soñar, sobre lo que podían llegar a ser.

Pero hoy el mensaje es distinto. Hoy las niñas de México están viendo ejemplos que les dicen que sí pueden.

Pueden ser científicas, ingenieras, médicas, emprendedoras, artistas, deportistas o lideresas comunitarias. Pueden dirigir empresas, crear tecnología, impulsar proyectos sociales o representar a su país en cualquier ámbito.

Y sí, también pueden ser Presidentas.

“Durante mucho tiempo, a las niñas se les dijo lo que no podían ser; hoy les estamos diciendo todo lo que pueden ser”, dijo la Presidenta.  

Ese, para mí como mujer y como madre, fue el mensaje más destacable que se transmitió en Campo Marte.

Cuando una niña ve a una mujer al frente del país, algo cambia en su manera de imaginar el futuro. Se rompen barreras que durante generaciones limitaron las aspiraciones de millones de mujeres.

Pero el ejemplo no se queda sólo en el ámbito político. También está en cada mujer que decide abrir su propio negocio, en cada maestra que inspira a sus alumnas, en cada científica que investiga, en cada trabajadora que lucha por sacar adelante a su familia.

La Presidenta también hizo un reconocimiento especial a las mujeres que sirven a México desde nuestras Fuerzas Armadas. Mujeres que portan el uniforme con disciplina, valentía y orgullo, y que demuestran que el amor por la patria no entiende de estereotipos.

Cuando una niña ve a una mujer pilotar un avión, comandar una unidad militar o participar en tareas de seguridad nacional, como bien lo explicó la Presidenta, entiende que su lugar en el mundo no está definido por prejuicios, sino por su talento y su determinación.

Eso es lo que verdaderamente transforma a un país: los ejemplos.

Los ejemplos que les dicen a las niñas que no tienen que pedir permiso para soñar en grande. Los ejemplos que les enseñan que su voz importa. Los ejemplos que les recuerdan que su futuro no tiene techo.

Cada generación de mujeres ha tenido que derribar obstáculos para abrir nuevas oportunidades. Hoy tenemos la responsabilidad de que las niñas encuentren más puertas abiertas.

Porque cuando una niña crece creyendo en sí misma, cambia su vida. Cuando miles de niñas crecen creyendo en sí mismas, cambia un país entero.

Ese fue, en esencia, el mensaje que se respiraba en Campo Marte: que el futuro de México también está en las manos de las niñas que hoy observan, aprenden y sueñan.

Y que nuestro deber como sociedad es asegurar que esos sueños no tengan límites.

Que ninguna niña vuelva a pensar que hay algo que no puede lograr. Que ninguna niña vuelva a sentir que su voz vale menos. Que ninguna niña vuelva a creer que su lugar en el mundo está definido por alguien más.

Cuando una niña descubre su fuerza, descubre también que puede cambiar su historia.

Y cuando millones de niñas mexicanas crezcan sabiendo que pueden ser lo que quieran ser, el futuro de México será todavía más grande.

POR CLARA LUZ FLORES CARRALES

TITULAR DE LA UNIDAD DE ASUNTOS RELIGIOSOS, PREVENCIÓN Y RECONSTRUCCIÓN DEL TEJIDO SOCIAL DE LA SECRETARÍA DE GOBERNACIÓN


© El Heraldo de México