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Un péndulo llamado América Latina

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24.03.2026

América Latina se mueve en un péndulo político que oscila entre los extremos. Tras la caída de las dictaduras militares, la incapacidad gubernamental para reducir la pobreza y la desigualdad, y generar bienestar, abrió la puerta a los seductores de la política fácil. 

En los ochenta y noventa, el entusiasmo político se encontró con la crisis de la deuda. Gobiernos como el de Menem (Argentina), Fujimori (Perú) o Cardoso (Brasil) siguieron un modelo aperturista y privatizador de la economía. La corrupción y malas decisiones aumentaron la desigualdad y detonaron crisis graves como la del “Corralito” argentino en 2001. 

La insatisfacción llevó a buscar alternativas. Entraron en escena Hugo Chávez (Venezuela), Lula da Silva (Brasil), Evo Morales (Bolivia), los Kirchner (Argentina) o Daniel Ortega (Nicaragua). Uno se convirtió en dictador, otros en líderes populistas, otro pasó por la cárcel y otro más permanece en el poder. Los países se desarrollaron poco y la corrupción nunca faltó. 

A mediados de la década pasada se produjeron virajes ideológicos como los de Michel Temer y Jair Bolsonaro (Brasil) o el de Sebastián Piñera (Chile). Después surgieron figuras presentadas como salvadores definitivos de sus países: el mesías (AMLO en México), el guerrillero (Petro en Colombia) o el mártir (el regreso de Lula). Ninguno arregló los problemas y algunos crearon otros nuevos, como el desmantelamiento institucional mexicano. 

La ola actual, protagonizada por Javier Milei (Argentina), Nayib Bukele (El Salvador), José Antonio Kast (Chile) o el posible regreso del bolsonarismo, es aplaudida por unos y criticada por otros. En esencia, reproduce rasgos de algunas tendencias políticas internacionales. 

La construcción de muros en la frontera chilena, la salida de Argentina de organismos internacionales o el Estado de Excepción salvadoreño anuncian un derechismo disruptivo e identitario, acompañado de libertarismo económico. Pareciera que el trumpismo ha permeado en varias regiones del continente. 

La cuestión no es si estos gobiernos tienen o no la razón. Podrá argumentarse que El Salvador tiene mejores niveles de seguridad que ciertos territorios mexicanos, o que las políticas económicas de Milei son más atractivas para la inversión. El fondo es si representan el tipo de instituciones y equilibrios democráticos que necesita América Latina.  

Justificar resultados a costa de la democracia o del fortalecimiento institucional puede, a la larga, suavizar la memoria de un pasado que costó mucho superar. Más aún, si los desafíos económicos y sociales permanecen sin solución, el regreso del péndulo puede ser más agresivo y desgastante. México debe tomar nota: no está exento de esa posibilidad.

CUMULONIMBUS. “De dos peligros debe cuidarse el hombre nuevo: de la derecha cuando es diestra, de la izquierda cuando es siniestra”, Mario Benedetti. 


© El Heraldo de México