Un péndulo llamado América Latina
América Latina se mueve en un péndulo político que oscila entre los extremos. Tras la caída de las dictaduras militares, la incapacidad gubernamental para reducir la pobreza y la desigualdad, y generar bienestar, abrió la puerta a los seductores de la política fácil.
En los ochenta y noventa, el entusiasmo político se encontró con la crisis de la deuda. Gobiernos como el de Menem (Argentina), Fujimori (Perú) o Cardoso (Brasil) siguieron un modelo aperturista y privatizador de la economía. La corrupción y malas decisiones aumentaron la desigualdad y detonaron crisis graves como la del “Corralito” argentino en 2001.
La insatisfacción llevó a buscar alternativas. Entraron en escena Hugo Chávez (Venezuela), Lula da Silva (Brasil), Evo Morales (Bolivia), los Kirchner (Argentina) o Daniel Ortega (Nicaragua). Uno se convirtió en dictador, otros en líderes populistas, otro pasó por la cárcel y otro más permanece en el poder. Los países se desarrollaron poco y la corrupción nunca faltó.
A mediados de la década pasada se produjeron virajes ideológicos como los de Michel Temer y Jair Bolsonaro (Brasil) o el de Sebastián Piñera (Chile). Después surgieron figuras presentadas como salvadores definitivos de sus países: el mesías (AMLO en México), el guerrillero (Petro en Colombia) o el mártir (el regreso de Lula). Ninguno arregló los problemas y algunos crearon otros nuevos, como el desmantelamiento institucional mexicano.
La ola actual, protagonizada por Javier Milei (Argentina), Nayib Bukele (El Salvador), José Antonio Kast (Chile) o el posible regreso del bolsonarismo, es aplaudida por unos y criticada por otros. En esencia, reproduce rasgos de algunas tendencias políticas internacionales.
La construcción de muros en la frontera chilena, la salida de Argentina de organismos internacionales o el Estado de Excepción salvadoreño anuncian un derechismo disruptivo e identitario, acompañado de libertarismo económico. Pareciera que el trumpismo ha permeado en varias regiones del continente.
La cuestión no es si estos gobiernos tienen o no la razón. Podrá argumentarse que El Salvador tiene mejores niveles de seguridad que ciertos territorios mexicanos, o que las políticas económicas de Milei son más atractivas para la inversión. El fondo es si representan el tipo de instituciones y equilibrios democráticos que necesita América Latina.
Justificar resultados a costa de la democracia o del fortalecimiento institucional puede, a la larga, suavizar la memoria de un pasado que costó mucho superar. Más aún, si los desafíos económicos y sociales permanecen sin solución, el regreso del péndulo puede ser más agresivo y desgastante. México debe tomar nota: no está exento de esa posibilidad.
CUMULONIMBUS. “De dos peligros debe cuidarse el hombre nuevo: de la derecha cuando es diestra, de la izquierda cuando es siniestra”, Mario Benedetti.
