Con los niños, no. Pero con los hijos, sí
Tal y como le dije ayer a Ciro Gómez Leyva en su programa en Radio Fórmula, en esta columna fijaré mi posición sobre el derecho que tengo como periodista a difundir, opinar y reportear sobre los hijos de cualquier político en lo general y del expresidente López Obrador en particular, incluyendo a Jesús Ernesto López Gutiérrez, quien ya es mayor de edad.
AMLO no sólo quiso ser presidente. Quiso encabezar un movimiento de regeneración nacional, una transformación del país, de sus ciudadanos y de los valores que los mexicanos tenemos y usamos para conducirnos en sociedad. Hasta nos dijo cómo debíamos vivir, reglas que incluían: un gobierno franciscanamente pobre, mexicanos con un par de zapatos, sin aspiraciones, comiendo en puestos de antojitos y tomando café de olla. Además, repitió hasta el cansancio que no debíamos mentir, robar ni traicionar, pero tampoco debíamos vapear, comer comida chatarra, ser frívolos, materialistas, aspiracionistas, clasistas ni racistas.
Ahora bien, ¿lo anterior era una descalificación a la manera de vivir de sus adversarios, los neoliberales, o pura demagogia? La respuesta es que él o el buen juez, por su casa empieza, y sus hijos nos dejan día a día muy en claro, que fue pura demagogia.
Que su video en plena campaña de 2024, en el que salen los tres grandes y Jesús Ernesto, donde nos decían que ellos querían seguir andando en Metro, tomar café en la misma cafetería, que no se meterían en la política ni harían negocios, porque eran diferentes, envejeció muy mal.
Una familia presidencial sabe que estará en el centro de la conversación y será materia de escrutinio constante. Como jefe de........
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