De ocupaciones y de guerras justas e injustas
En el contexto actual de fluidez y volatilidad globales, la invasión rusa a Ucrania y el asalto israelí a Gaza representan dos de los escenarios más neurálgicos y enmarañados, de paso poniendo de relieve lo que está en juego con decisiones, posturas y narrativas que hoy emanan en materia de política exterior desde la Casa Blanca, sobre todo con respecto a dos temas: el derecho a recurrir a la fuerza y la legitimidad de hacerse de territorio ocupado ilegalmente o por la fuerza.
Ambos conflictos han provocado debates mundiales sobre soberanía, ocupación, defensa propia y crímenes de guerra. Pero ¿puede considerarse alguno de estos como “justo”? ¿Y qué factores distorsionan o sostienen esa percepción? Por si esto no fuera lo suficientemente complejo y sujeto a narrativas subjetivas, aliñadas con propaganda y desinformación, ese debate, gracias a las posturas de Donald Trump, se entrevera íntimamente con otro endiabladamente complejo e incluso tóxico: el reconocimiento de control territorial. El reconocimiento de Estados o de situaciones territoriales de facto es uno de los actos más delicados de política exterior y de la praxis -e historia- de las relaciones internacionales. No se trata únicamente de formalidades diplomáticas, sino de decisiones de realpolitik con implicaciones jurídicas, éticas y geopolíticas de profundo alcance, rara vez tomadas únicamente con base en principios universales de justicia, derecho internacional o autodeterminación. Esto queda en evidencia cuando comparamos dos procesos en curso: la creciente posibilidad de que más países reconozcan al Estado palestino, y la remota -pero cada vez más discutida- opción de........
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