El fascismo está a la espera
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Llegar a elegir al primer presidente de izquierda en la historia del país —guerrillero amnistiado, exsenador de la República y exalcalde de Bogotá— fue el resultado de muchos años de lucha y persistencia, en medio de una guerra sucia sin cuartel y de décadas de exclusión social y política de líderes y movimientos que iban más allá del bipartidismo que marcó la vida del siglo XX.
Han pasado cuatro años tumultuosos, de un liderazgo muchas veces errático y caudillista, con equivocaciones garrafales, pero el país no se derrumbó. Por el contrario: los llamados pesos y contrapesos institucionales funcionaron, desde las cortes hasta el Congreso, con todos sus defectos y trapisondas. Y por primera vez, un pueblo decidido, golpeado por años de guerra, eligió a un presidente que prometió gobernar para los excluidos de siempre y, en buena medida, cumplió su palabra.
A la fecha, persisten los escándalos de corrupción y la agresión extendida de los grupos criminales. Es innegable que la paz total fue un fracaso por la improvisación permanente, el voluntarismo del presidente y, también hay que decirlo, por la misma dinámica que heredó de gobiernos anteriores: la imposibilidad de construir una economía alternativa a los cultivos de coca o la minería ilegal, el poco compromiso para sacar adelante proyectos regionales de desarrollo, la parálisis de los acuerdos de paz de 2016 durante el gobierno de Duque, y el robo sistemático de........
