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¿Para qué diablos sirven los debates?

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28.04.2026

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Debatir no es aullar, ni insultar, ni agredir al contrincante. Es razonar. Y esta operación, tan compleja, conlleva los alcances y entramados de la argumentación. Se supone que debatir es un ejercicio intelectual, un producto refinado de la llamada “civilización”, lo que implica que el otro, más que un enemigo, es un antagonista necesario —y preparado— para el desarrollo dialéctico de la cultura.

Se ha sostenido, desde que existen confrontaciones entre humanos, que el debate —súmmum de la Ilustración— busca, además de poner en alto distintas posiciones, estimular el pensamiento crítico y la libertad para ejercerlo. Es una mezcla de discernimiento, capacidad de expresión de ideas y uso de herramientas racionales. ¿Para qué debatir? Se preguntan, en particular, los que están tejidos por autoritarismos y autocracias, y temen al otro.

El origen del debate podría remontarse hasta la antigua Grecia, en la puesta en escena de magníficos duelos intelectuales, o hasta la India y sus antiguas erudiciones, con heterogéneas interpretaciones del mundo.

En Colombia, para ir aterrizando por estos andurriales, más que el debate hemos tenido una historia de confrontaciones sangrientas, de demostraciones de violencia que,........

© El Espectador