Campaña grotesca
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Es probable que ya nunca más volvamos a asistir a campañas presidenciales respetuosas, inteligentes, con programas y discursos sensatos. Ya hacemos parte de ese nefasto club de naciones en las que triunfan la patanería y la ordinariez.
No se sabe si ganará Abelardo de la Espriella y si tendremos que padecerlo cuatro años hablando de sí mismo, amenazándonos y persiguiéndonos a todos sus críticos, para lo cual contará con el visto bueno de su jefe de debate, el también fascistoide Enrique Gómez Martínez y su impresentable e intrigante entorno íntimo.
Era previsible que eso iba a pasar si los tales “Defensores de la Patria” se convertían en opción real de poder. A Álvaro Uribe Vélez se le debe esta herencia siniestra de haberse valido de unos charlatanes y agitadores de barras bravas, para exaltarlos a la condición de hombres públicos.
Esto es el legado del inquilino del Ubérrimo que gobernó directamente ocho años y cuatro más en el cuerpo ajeno del ex subpresidente Iván Duque, y espera repetir otro cuatrienio con Papucho. Esta aventura no podía terminar de otra forma. Uribe........
