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La magia de los cadáveres

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01.07.2026

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Cuando mi nombre apareció junto a otros en una lista de amenazados de muerte por parte de los paramilitares me negué a creerlo. “¿Soy un nadie, a quién diablos puede parecerle que podría yo tener el poder de cambiar todo un sistema de cosas?”.

Aún no lo creo, después de más de veinte años en el exilio. Después de habernos enterado de que habría sido alguien cercano, un amigo, quien le habría pasado nuestros nombres a los militares y estos a los paramilitares. “Le toca irse”, me dio el entonces director de la policía. “Le toca irse”, me dijo el padre Gabriel Izquierdo SJ, colega investigador y el único en insistir que debíamos tomar en serio la cosa. Lo sabía. Apenas unos años atrás los paramilitares habían asesinado a dos de sus investigadores. Mataron a toda la familia. Se salvo un bebé, este sí un milagro. Me pregunto qué habrá sido de ese bebé. Un adulto que nunca conoció a sus padres. ¿Qué pensará de sus asesinos?

Conozco a personas a quienes las FARC asesinaron a sus padres. Conozco a otras cuyos hijos fueron asesinados por la policía o el ejército. Por décadas he caminado junto a una comunidad del suroeste del país a la que han desplazado, hostigado, y masacrado paramilitares y los ahora denominados “clanes” u “organizaciones de seguridad privada” más veces de las que puedo contar con los dedos de la mano.

Y ahí está el hijo de Rodrigo Lara Bonilla, quien al parecer va a trabajar ahora con el defensor de quien mandó a matar a su padre, con quien mi padre trabajó. ¿Qué une a los muertos por la........

© El Espectador