Mañana (tras las elecciones del odio)
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No es que no haya sido un gran protagonista en otras ocasiones. Ya lo habíamos visto (y sentido, y padecido) compartir en el salón junto a la rabia, el miedo, el cansancio, la esperanza, la simpatía, la gratitud. Pero, esta vez, como se anticipaba, entró más fuerte y logró arrinconarlos a todos ellos y adueñarse de la fiesta. O del funeral.
Se manifestó en los vidrios rotos y en la publicidad despedazada de varias sedes de campaña, en los gritos de “¡guerrillera!” a la señora de 60 años que salió de un puesto de votación en Londres, en el rostro del hombre en Bogotá que vomitó insultos homofóbicos a Juan Daniel Oviedo. Lanzó alaridos y nos atravesó como un rayo con el asesinato de Miguel Uribe. Avanzó abrumador con las 59 agresiones (con corte a mayo) a periodistas relacionadas con el cubrimiento de las elecciones, con los linchamientos digitales de los matoneadores de las campañas. Con todas y cada una de las ofensas,........
