Fútbol: magia, dinero y política
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Aprovecho la culminación de la Copa Mundo 2026 para compartir algunas reflexiones sociológicas sobre los mundiales de fútbol.
El fútbol siempre ha sido un fenómeno de multitudes, pero, la televisión lo convirtió en el espectáculo que en mayor medida reúne masas, euros y poder; en especial, desde que 700 millones de personas pudimos ver a color, por primera vez, el Mundial de México en 1970. Desde ese momento, fue visible la magia del Brasil de aquel entonces. Durante el evento, en Guadalajara, fueron famosos los letreros en las calles: “Hoy no trabajamos porque vamos a ver a Pelé”. Es cierto, en los mundiales, el tiempo y la vida parecen detenerse y, hasta 1970, quien tenía ese mágico poder era el Rey Pelé. Luego fue Maradona y, hasta este Mundial, fue Messi. Como diría Eduardo Galeano: “Pelé fue más bailarín y plástico. Maradona -por su parte- parece tener ojos por todos lados”. Así mismo, complementaba Diego Armando: “Messi tal vez juega mejor que yo, pero le falta liderazgo”.
En 1934, Benito Mussolini invitaba a los árbitros a comer a su casa antes de los partidos. Por eso no fue sorpresivo que Italia ganara la copa y que el dictador fascista, mezclando propaganda, deporte y política, quisiera presentar la victoria como un triunfo del fascismo ante el mundo. En 1978, en Argentina, el Mundial de fútbol fue utilizado por la Junta Militar para encubrir el terrorismo de Estado. Aun así, la prensa internacional también terminó señalando las marchas silenciosas de las madres de mayo que desconsoladas lloraban a sus hijos desaparecidos y a sus nietos robados de los vientres de sus hijas y nueras. En un acto de valentía y dignidad, los jugadores del equipo subcampeón, no saludaron a los miembros de la Junta Militar, no acudieron a la ceremonia protocolaria de premiación, ni al banquete oficial posterior. También es muy posible que, por eso mismo, Johan Cruyff, el capitán de la selección de Países Bajos, desistiera de asistir al Mundial.
En Chile, en 1973, días después del golpe militar de Augusto Pinochet y una vez convertido el Estadio Nacional en el mayor centro de detención y tortura de jóvenes, artistas y militantes de izquierda; la Unión Soviética se negó a jugar allí el partido de repechaje de las eliminatorias y exigió una sede neutral. La FIFA no........
