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Un dato

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25.01.2026

Audio generado con IA de Google

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Pienso mucho en los niños de los colegios de nuestro país, en particular los de la escuela primaria. Qué pensarán de todo cuanto está pasando en el mundo, cómo se sentirán. Los desastres cotidianos, las guerras, las amenazas nucleares, los incendios enormes, las sequías inéditas, el nuevo armamentismo paranoide, las hambrunas. Qué les dicen en sus hogares, cómo explicarles lo inexplicable. Pero también pienso en los adolescentes.

Sé, porque conozco a los unos y a los otros, que muchos de ellos, simplemente, como se dice, no se enteran. Quizás mejor así. Y si se enteran, no saben muy bien qué pensar o qué sentir y mucho menos qué hacer. Pero hay muchos otros que van acumulando, en silencio, como si se tratara de una de esas estalactitas de las cuevas, gota a gota en su corazón, la ortiga oscura del miedo. La escuela está en la obligación de hacerla visible, pero más que eso, de hablar de todo cuanto la rodea.

Hace décadas, cuando me hice maestro y........

© El Espectador