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A imagen y semejanza

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A los 12 años, tras comprender que todas las religiones son invenciones humanas, me permití corregir el Génesis. Donde el capítulo primero dice: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”, reescribí: “Y el Hombre creó a dios a su imagen y semejanza, a imagen del Hombre lo creó; soberbio e irascible lo creó”.

Por ese entonces leí El tercer ojo, un libro donde el monje tibetano Lobsang Rampa narra su infancia en el monasterio budista de Chakpori. Allí cuenta que cuando él, quien había sido educado en la no violencia y el respeto a toda forma de vida, vio por primera vez que los cristianos rendían culto a un hombre torturado clavado a una cruz, un símbolo que era venerado por millones de personas, se horrorizó más allá de toda medida.

Luego resultó que el presunto Lobsang Rampa era en realidad un tal Ciryl Henry Hoskin, nacido en un suburbio de Plymouth, quien jamás había salido de Inglaterra y no hablaba una palabra de tibetano. No obstante, antes de conocer el Siddhartha de Hermann Hesse, los libros de Rampa me acercaron a la doctrina budista y me llevaron a sospechar si el........

© El Espectador