Hambre, sudor y lágrimas
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Una y otra vez, aquí y allá, escuchamos el dogma del credo motivador: si quieres, puedes. La frase llega revestida de optimismo, dispuesta a inyectarnos energías y furia luchadora. Esta oda universal a la fuerza del esfuerzo promete abrir las puertas del dinero, los logros, el cuerpo perfecto, el reconocimiento de los demás. A condición de perseverar, haremos realidad nuestros deseos. Y sin embargo.
Basta mirar alrededor para comprobar que las consignas del pensamiento positivo cierran los ojos a muchas realidades inquietantes. Que no siempre el empeño recibe su recompensa. Que la precariedad nos aleja de nuestros sueños. Que en ocasiones los vientos del azar o la salud soplan en contra. Que a veces chocamos contra muros más altos que nuestras fuerzas. Que no somos culpables de todos nuestros tropiezos. Homero describe en la Ilíada el derrumbamiento de Aquiles, el más valioso y esforzado de todos los guerreros griegos. Furioso por las ofensas del general Agamenón y........
