Golpes bajos
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Todo, absolutamente todo, en la acusación de Paloma Valencia contra Iván Cepeda por su supuesto involucramiento en el asesinato de Miguel Uribe Turbay es ruin y miserable. El uso político del crimen, como lo destacó en este diario Cecilia Orozco: es el cadáver de la víctima lo que apasiona a Paloma, no la víctima en vida, de quien era un desleal adversario, según múltiples afirmaciones por parte de su padre. La grotesca ficción de novedad, después de las confesiones de un delincuente que imputara el asesinato a la llamada Segunda Marquetalia: en realidad, Paloma tenía preparada su versión, que ya había desembuchado. Inicialmente contra Petro (por hablar duro en los debates políticos), ahora contra Cepeda, a quien hace poco rogó en el Congreso, con un histrionismo fingido y patético, que no la mandara matar.
La absurda cadena de inferencias que respalda la acusación: como Cepeda apoyó la paz con las FARC, entonces es culpable de la muerte de Uribe Turbay. Por lo visto,........
