De la Espriella, el candidato de la censura
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En estos tiempos, en que la fuerza bruta le gana terreno a la inteligencia; y en que el poder de la especie dominante del mundo aplasta a quienes se atraviesen en su ruta depredadora, un autonominado candidato presidencial, vocero del extremismo más procaz de Colombia, reparte amenazas, como volantes de campaña, contra sus oponentes potenciales o reales y contra los formadores de opinión pública que osen examinar su pasado. Su estrategia preferida para conquistar votos parece consistir en repartir altas dosis de odio y venganza. Zombis hambrientos que anhelan deshollejar a sus presas abundan aquí. Por tanto, el postulado por millones de firmas suscritas vaya-dios-a-saber-cómo, y con el aval de un partido inexistente, aparte del papel que lo acredita como tal, no tiene que hacer mucho esfuerzo en este país, terreno abonado para recibir, con aplausos, el elogio a la sangre y, con abucheos, los llamados a la razón y el entendimiento.
La promesa de campaña de Abelardo de la Espriella, según su dicho ya famoso es el exterminio del 30 % de sus connacionales que se identifican con la izquierda: “(voy a) destriparlos”, a “acabar con esa plaga”. Aniquilará, entonces, a los “mamertos”, el término más amoroso con que se refiere a 11 millones de votantes del actual presidente, o a un número superior si se considera a muchos otros ciudadanos que, sin ser partidarios del........
