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Lógica, ética y estética

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28.02.2026

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La capacidad argumentativa y de abstracción en el debate público colombiano es muy pobre. Lo vivo con frecuencia en las reacciones a mis columnas. A algunos lectores les pasa algo parecido a lo que le ocurre a Petro: “si el medio habla bien de mí, posteo el artículo; si me critica, digo que la prensa hegemónica miente”.

En mi última columna hablaba de la importancia del tono para identificar formas futuras de gobernar. Di el ejemplo de una respuesta evasiva de Abelardo de la Espriella cuando le preguntaron por similitudes con Rodolfo Hernández. El ejemplo ilustraba mi argumento sobre la necesidad de variar los formatos con los que entrevistamos a los candidatos.

Las reacciones, casi en piloto automático, fueron del estilo: “pero si Petro es igual, no responde”. Cierto. Pero ese no era el punto.........

© El Espectador