La mala costumbre del tiempo
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Hace muchos años conocí a Sandra Montealegre, una joven, casi una niña, que llevaba el activismo en las venas. Siendo apenas una estudiante de colegio, ya lideraba procesos de formación de juventudes, ejercía como personera y abría caminos para los derechos de los sectores LGBTIQ .
Con solo 16 años, se sumó a los sueños colectivos que en su época parecían imposibles: la fundación del Polo Democrático Independiente, la creación del Polo Rosa y la aprobación de las primeras normas para el reconocimiento de las diversidades. Fue la primera delegada joven en el comité ejecutivo del partido; una mujer extraordinaria.
Cuando nos encontramos, yo tenía casi el doble de su edad y aspiraba a ser edilesa de la localidad de Barrios Unidos. Ella se........
