menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La mala educación

14 0
02.06.2026

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

La semana pasada, cuando regresaba de mi trabajo, escuché en la radio la memorable expresión de la candidata a la vicepresidencia Aída Quilcué: “los egresados de las mejores universidades del país lo único que aprendieron fue a robarse la plata del pueblo”. De inmediato, y sin escapatoria, mis quince años de docente me pusieron en el banquillo: ¿Sería yo responsable si alguno de mis casi tres mil estudiantes termina, dentro de diez o veinte años, robándose la plata del pueblo?

La pregunta parece nueva, porque la hizo una política en campaña electoral, pero es en realidad tan antigua como la filosofía misma. Por ejemplo, Paul Bourget la planteó en 1889, en su incómoda novela El discípulo. El joven Greslou, discípulo del filósofo positivista Adrien Sixte, seduce a una joven y provoca su suicidio. El fiscal no va contra Greslou; va contra el maestro. Sixte, que nunca salió de su biblioteca, que jamás tuvo intención de armar a nadie, permanece frío ante la acusación. Pero al leer la confesión de su discípulo se hace la pregunta que desde entonces no ha encontrado una respuesta definitiva: ¿puede haber responsabilidad del maestro por los actos de su discípulo? La novela no responde la pregunta, quizás porque los buenos libros y las buenas preguntas nunca se cierran.

Lo que sí hay son un par de argumentos. El primero dice que sí: el maestro carga con algo de........

© El Espectador