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Réquiem de la AIReF sobre una España endeudada

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12.03.2026

El reciente Monitor de Deuda Pública de la AIReF no es un frío compendio de proyecciones; es la autopsia de un modelo económico fallido que ha sustituido la solvencia real por el ilusionismo estadístico. Bajo la pátina de un triunfalismo gubernamental que celebra una ratio del 100,8% sobre el PIB como si se tratara de un hito histórico, se oculta una realidad estructural pavorosa. España ha dimitido de la ortodoxia presupuestaria para abrazar un keynesianismo cañí que confunde el crecimiento nominal, dopado por el deflactor del PIB, con la salud financiera de la nación.

La complacencia del Ministerio de Economía ante la "reducción" de la ratio de deuda/PIB es una ofensa a la racionalidad económica. Si bien en 2025 la inflación dejó de ser el motor principal de esta caída, el alivio no vino de una gestión austera, sino de un crecimiento del PIB nominal -situado en el 4,3%- que el Estado ha parasitado para seguir manteniendo un gasto público elefantiásico. Es un espejismo: la deuda no se reduce mediante el ahorro o el recorte/eficiencia del gasto, sino que se ve diluida por un crecimiento que el Gobierno confisca a través de una presión fiscal histórica que ya supera el 38% del PIB. El pasivo total, lejos de encogerse, sigue engordando en términos absolutos, superando los 1,6 billones de euros.

El diagnóstico de la AIReF es quirúrgico: persiste un déficit estructural rocoso e inelástico del 3,2%, donde el efecto de "bola de nieve" -con un coste de la deuda que ya iguala o supera la capacidad de crecimiento potencial de nuestra economía- aboca a una dinámica de Ponzi institucionalizada: la emisión de nueva deuda para pagar los intereses de la anterior, que ya devoran más de 40.000 millones de euros anuales. En este contexto, el saldo primario sigue siendo deficitario, convirtiendo a la economía en adicta a una liquidez barata que ya es historia. Cada nueva emisión del Tesoro es una detracción de recursos que deberían fluir hacia la inversión productiva, pero que acaban sepultados en el pozo sin fondo de un Leviatán administrativo insaciable.

Este Monitor es el acta de acusación definitiva contra la irresponsabilidad de un Ejecutivo que ha decidido blindar el gasto presente a costa de las generaciones futuras. La advertencia sobre el impacto del envejecimiento es demoledora: el gasto en sanidad y pensiones no es una variable estocástica, sino una certeza matemática. Al ligar las pensiones al IPC sin introducir factores de sostenibilidad, se ha activado una bomba de relojería que elevará el gasto en esta partida por encima del 15% del PIB en la próxima década. Con el retorno de las reglas fiscales europeas y un objetivo de déficit del 3% para 2026 que parece inalcanzable sin ajustes reales, España ya no puede seguir instalada en la excepcionalidad del déficit perpetuo.

La antropofagia estatal tiene una víctima propiciatoria: el tejido empresarial. El impacto del endeudamiento sobre la financiación de las pymes es devastador. El Estado no solo presiona al alza los tipos de interés de mercado, sino que ejerce un crowding-out masivo, acaparando el crédito disponible. Según la AIReF, el endurecimiento de los estándares de crédito hace que las pymes se enfrenten a un coste de capital que duplica al de sus competidoras europeas, asfixiando cualquier intento de expansión o innovación. Es la culminación de la depredación: el Estado se financia para sostener su clientela electoral mientras el pequeño empresario se desangra.

Esta brecha de competitividad se manifiesta con crudeza al comparar las servidumbres financieras patrias con la de sus socios. Mientras que el Bund alemán sigue actuando como refugio, permitiendo a sus empresas financiarse bajo condiciones de estabilidad, España arrastra una prima de riesgo estructural que encarece la inversión privada de forma sistemática. La AIReF sugiere que, por cada punto porcentual de diferencial en el coste de la deuda frente a Alemania, la inversión empresarial española sufre una contracción relativa del 2,5%. Este lastre impide la convergencia real: mientras ellos invierten en capital tecnológico, el Gobierno gasta en financiar los intereses de su ineficiencia.

Un Estado que encadena a sus ciudadanos a una deuda perpetua es un carcelero de la prosperidad. La AIReF señala con alarma cómo el gasto computable de las Comunidades Autónomas crece por encima del 4%, ignorando cualquier límite razonable. Esta indisciplina regional, sumada a la opacidad en la ejecución de unos fondos europeos que no permean en la productividad, configura un cuadro de parálisis económica vestida de expansión estadística. Es hora de abandonar el relato de la "resiliencia" de la Moncloa. La AIReF ha cumplido con su deber de advertir; el Gobierno cumple con su tradición de ignorar. Monitor de Deuda es el canario en la mina: o se recupera la cordura fiscal, o la metástasis del gasto público acabará por devorar la energía creadora de la sociedad civil española. Porque al final del día, la aritmética es tozuda y no entiende de relatos: un país que consume su capital futuro para financiar su clientelismo presente no está gobernando, está liquidando el patrimonio de las generaciones que aún no han nacido.


© El Economista