La IA, más tortuga que liebre
El Ejecutivo de Pedro Sánchez prevé invertir hasta 800 millones en una gigafactoría de IA. Paralelamente, las empresas de servicios de atención al cliente y grandes conglomerados están recortando sus plantillas; se amparan, en muchas ocasiones, en la eficiencia de esta tecnología. Asimismo, en todo el mundo, muchos alegan que la IA es la única tendencia capaz de desafiar el pesimismo en torno a la guerra en Irán. Argumentan que las ganancias de productividad están disparando los beneficios y poniendo a raya la inflación... Pero no mencionan que todo esto viene a costa de millones de empleos.
Me parece una exageración. Como comenté en diciembre, la IA no había provocado ninguna burbuja bursátil entonces. Y hoy sigue sin hacerlo. Sin embargo, es lícito preguntarse cómo afectará a la economía, a los diferentes sectores y a la vida cotidiana. ¿Cómo podemos distinguir la realidad de la ficción?
En primer lugar, es necesario silenciar el ruido, tanto el entusiasta como el catastrofista. Desde que, en 2023, dije que el panorama de la IA tenía matices, se han disparado las expectativas y los temores. Con todo, el futuro de esta innovación es impredecible, incluso para los considerados "expertos" en la materia. Comprar o vender simplemente en función de especulaciones solo denota arrogancia. Se han pregonado tanto las posibilidades de esta tecnología que es imposible saber algo que los demás ignoran.
Las bolsas descuentan todas esas expectativas, desde las teorías más descabelladas (a veces distópicas) hasta las que pronostican cambios rápidos y profundos. Actualmente, la IA figura como uno de los motivos más citados por las empresas para explicar los despidos. Por ejemplo, se cree que la entidad tecnofinanciera........
