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Signos de debilidad en el sector exterior

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El reciente deterioro del sector exterior español no es un dato aislado ni coyuntural, sino la manifestación de desequilibrios más profundos que vienen gestándose desde hace años. En los dos primeros meses de 2026, las exportaciones españolas han caído un 1,8%, hasta situarse en 60.646 millones de euros, mientras que las importaciones han retrocedido un 4,8%, alcanzando los 67.952,1 millones. Se trata del peor comportamiento del sector exterior desde 2022, y su relevancia trasciende la mera estadística: afecta directamente al único componente productivo -más allá del artificio del gasto público y de la acumulación de población poco cualificada- que, hasta ahora, sostenía el crecimiento a corto plazo.

La economía española ha mostrado en los últimos años una aparente resistencia, pero dicha fortaleza ha descansado sobre pilares frágiles. Por un lado, el incremento del gasto público ha impulsado artificialmente la actividad económica, generando un crecimiento que no responde a una mejora estructural de la productividad, sino a una expansión sostenida del sector público. Por otro, el aumento de la población —en gran medida de baja cualificación— ha contribuido a elevar el PIB agregado, pero no el PIB per cápita, que es el verdadero indicador de prosperidad. Es decir, se ha crecido en volumen, pero no en riqueza.

En este contexto, el sector exterior había actuado como un contrapeso, aportando dinamismo y competitividad a la economía. La capacidad exportadora, fruto........

© El Economista