¿Dará votos la Torre Centinela… o pasará como la X?
En política, las obras públicas suelen venderse como algo más que concreto, acero y presupuesto: se presentan como promesas visibles de eficacia. Monumentos, torres, centros de mando. La lógica es aparentemente simple: si el ciudadano puede ver la obra, quizá también pueda creer en el gobierno.
Podemos recordar un hecho ya pasado para ilustrar. Ahí está la X (Escultura Monumento a la Mexicanidad), levantada durante la gestión de Héctor Murguía: monumental, reconocible, apropiada con el tiempo por la identidad fronteriza y, sin embargo, incapaz de garantizar por sí sola continuidad política o lealtad electoral.
Pero la historia no terminó ahí.
Hay que recordarla completa. Cuando Héctor Murguía daba por hecho su regreso al poder, fue frenado por una avalancha de votos encabezada por el entonces candidato independiente Armando Cabada.
La lección fue contundente: la ciudad se quedó con el monumento; el político no sumó los votos. En el fondo, las obras no votan. Las personas sí. Y votan no por lo que se inaugura, sino por lo que se resuelve.
Hoy, en Chihuahua, la discusión vuelve con otro nombre: la Torre Centinela. Presentada como pieza clave en........
