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La necesaria perspectiva del largo aliento

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27.02.2026

En las sociedades contemporáneas puede ser común la afirmación de que los tiempos se han recortado y de que ya no es posible sostener proyecciones de largo alcance que se planteen con una cierta trascendencia. Esto es, además, aplicable a todos los ámbitos de la vida social y humana: la economía, la política y hasta las relaciones interpersonales. Las nociones más exacerbadas de esto, en las que desafortunadamente habitan las nuevas generaciones, parten de la premisa de que las soluciones deben ser mediatas y veloces —entendiéndose con esto implícitamente que además deben ser eficaces— o de que aquello que no puede ser reducido o condensado en la duración de un video TikTok no debería siquiera existir. En esta tesitura, es difícil y quizás cada vez más complejo proponer visiones de la realidad que amalgamen salidas integrales a los muchos problemas que las propias sociedades contemporáneas deben encarar.

En este sentido, Ciudad Juárez permanentemente se me ha presentado como un ejemplo muy ilustrativo de esta sensación de ansiedad que priva en el mundo actual, de manera prominente en lo que corresponde a lo materialmente político; se ha dicho hasta el cansancio —y cada tanto vuelven las discusiones al respecto— que el municipio de Juárez ha sido históricamente una ciudad mal planeada —en el mejor de los casos— o sencillamente amorfa, desordenada y sin proyecto, desde su génesis hasta su expansión. Se alude constantemente a sus muchos rezagos estructurales y se reprocha, sobre todo, la “falta de visión” de quienes han tenido responsabilidades de gobierno, tanto para el municipio como para el estado de Chihuahua. No es que falte razón en estas disquisiciones, pero el planteamiento de un proyecto de ciudad ameritaba desde hace mucho tiempo la concentración de recursos, impulsos y fuerzas, y no solamente del sector público, sino de una mucho más activa participación de la sociedad civil y de los organismos gremiales que representan el motor de la economía local.

Hoy por hoy, en el inmediatismo que demanda la extrapolación de la “vida” de las redes sociodigitales hacia la vida real —la única que efectivamente lo es—, hacer la pregunta acerca de posibles propuestas o proyectos de largo aliento, de largo alcance, para tener una ciudad en condiciones ampliamente distintas a las que han imperado por decenios tiene una connotación pertinente, aunque genere todavía más suspicacias de las acostumbradas. Porque esta es, en realidad, una necesidad imperecedera y, aunque para algunas cosas a veces plantear en relación con soluciones ya es tarde, no es el caso para la vida de una ciudad tan compleja, dinámica y en constante crecimiento como lo es esta frontera que habitamos.

Recientemente, ha sido palpable que se ha generado otro momento de despunte para la ciudad y para sus posibilidades de desarrollo; los proyectos inmobiliarios, las pautas para planes de inversión y de instalación de nuevos puntos de actividad comercial hacen patente que esta es todavía una ciudad con expectativas para aspirar a vivir en otras condiciones; unas en donde el tejido social pueda seguir reconstruyéndose y desenvolviéndose en el mejor de los contextos. Puntualmente, se puede afirmar que la administración municipal aún vigente, encabezada por el alcalde Cruz Pérez Cuéllar, ha realizado fructíferos esfuerzos por implementar una política social efectiva y con perspectiva de derechos. Esto, al tiempo de que el gobierno municipal ha tendido también puentes para la coincidencia con la sociedad civil organizada y las cámaras gremiales del mundo industrial, entendiéndose por ello con claridad que la búsqueda y concreción de una mejor ciudad amerita del involucramiento de todos los sectores para que tal realidad sea posible. Ocurre, tal vez, porque Pérez Cuéllar es una de esas personalidades con trayectorias a la vieja usanza —en excepcional sentido positivo— en la política, diríamos; un político con proyecto y con visión.

Yo aún recuerdo a un joven candidato a alcalde, allá por el lejano 2004, que proponía para Ciudad Juárez un tren ligero como gran alternativa a los históricos problemas de movilidad para esta frontera. Claro, era en ese entonces un país muy distinto. ¿Cuántas oportunidades de desarrollo nos fueron aniquiladas luego de que nos internaran en el abismo calderonista de sangre y fuego? Ese del que aún hay huellas. Después lo recuerdo en varios cruceros de la ciudad, en el 2006, como candidato a diputado y hablando con los vecinos de gestiones para sus colonias, con brío, a pesar de no haber sido electo en una contienda tan importante apenas dos años antes. Esa es la madera de cuadros que se necesitan en la actualidad, porque las opciones de futuro para una ciudad, un estado o un país necesariamente son aquellas que no han perdido el norte sobre cómo es que ese futuro se puede y se debe construir.


© El Diario