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El eco que no cesa

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tuesday

Hay un momento, apenas un instante, en que una niña juarense deja de ser niña para convertirse en “la víctima”. Ocurre justo después de la agresión, cuando alguien —quizás su madre, temblando— decide que hay que denunciar. Nadie le explica que ese día comienza también otra cosa: su primer juicio, su primer encuentro con la justicia. No llega sabiendo lo que va a pasar. Llega con miedo, con la ropa que traía puesta, y aun así tiene que aprender, de golpe, a hablar frente a personas que no conoce, a sostenerles la mirada, a repetir lo que preferiría olvidar.

Y entonces empieza algo que ella no eligió: contarlo una vez, y otra, y otra. A los agentes policiacos, trabajadora social, médicos que la recibe. Después en Fiscalía, el Ministerio Público, medico, psicólogo, agente ministerial. Cada vez que lo cuenta, vuelve a vivirlo. Cada adulto nuevo es, sin querer, una herida que no cicatriza. Y así, sin que nadie lo busque, sin que nadie lo desee, la institución que debía cuidarla termina pareciéndose demasiado a lo que la lastimó primero.

Debería ser medular para quienes procuran e imparten justicia en........

© El Diario