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Día de la Candelaria una celebración de tamales, promesas y comunidad

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30.01.2026

Hay tradiciones que no necesitan recordatorios oficiales porque se sostienen solas, empujadas por la memoria colectiva y una mezcla de fe, costumbre y convivencia. El Día de la Candelaria es una de ellas. Cada 2 de febrero, casi sin darnos cuenta, reaparece en la vida cotidiana, con un aroma inconfundible: el de los tamales humeantes que anuncian que alguien, en algún momento de enero, sacó la figura del “monito” del niño Dios en la rosca de reyes.

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En México, ese pequeño muñeco de plástico no es un simple adorno escondido en el pan. Es un símbolo que carga con una especie de contrato social no escrito. Quien lo encuentra acepta, entre risas y resignación, un compromiso que se paga en especie: tamales, atole y convivencia. En la frontera, donde el tiempo suele medirse en turnos laborales, cruces internacionales y pendientes urgentes, este popular festejo se convierte en una pausa colectiva que obliga a detenerse y compartir.

El origen de esta celebración es profundamente religioso. Conmemora la presentación del niño Jesús en el templo y la purificación de la Virgen María, cuarenta días después del nacimiento. De ahí la bendición de las velas, que simbolizan la luz que guía y acompaña. En muchos hogares juarenses aún se conserva la tradición de vestir al niño Dios, y no tiene un solo........

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