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El caso César Duarte: cuando la justicia pone a prueba la palabra de México

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16.08.2026

El caso de César Duarte Jáquez está dejando de ser solamente el proceso penal contra un exgobernador de Chihuahua. La decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, de atraer los amparos relacionados con las condiciones bajo las cuales México puede procesar a una persona extraditada por delitos distintos a aquellos que justificaron su entrega, coloca sobre la mesa algo de mayor trascendencia: la obligación del Estado mexicano de cumplir su palabra frente a otro país y, al mismo tiempo, respetar las garantías constitucionales del extraditado.

Duarte fue extraditado por Estados Unidos el 2 de junio de 2022 para enfrentar, en Chihuahua, acusaciones de peculado y asociación delictuosa relacionadas con un presunto desvío de aproximadamente 96.6 millones de pesos. Más de tres años después, la Fiscalía General de la República consiguió autorización estadounidense para procesarlo por operaciones con recursos de procedencia ilícita y volvió a detenerlo en diciembre de 2025.

La nueva imputación federal involucra alrededor de 73.9 millones de pesos que, según la propia acusación, procederían de aquellos recursos originalmente desviados, y ahí comienza el verdadero problema.

Un tratado internacional no es una carta diplomática de buenas intenciones, cuando México firma, ratifica y pone en vigor un tratado internacional, el Estado mexicano adquiere obligaciones jurídicas frente al otro Estado. El Tratado de Extradición entre México y Estados Unidos, firmado en 1978 y vigente desde 1980, permite que ambos países se entreguen recíprocamente personas reclamadas por sus sistemas de justicia, pero establece condiciones precisas.

Una de las fundamentales es la llamada regla de especialidad. El artículo 17 establece, en términos generales, que una persona extraditada no puede ser procesada, sancionada o detenida por un delito, anterior a su entrega, distinto de aquel por el cual fue extraditada.

La razón es elemental, cuando México solicita una extradición le dice a Estados Unidos “entrégueme a esta persona porque pretendo juzgarla por estos hechos y estos delitos”, el país extranjero estudia la solicitud y decide si concede la entrega.

México no adquiere entonces una patente de Corzo para juzgar al extraditado por cualquier otro asunto que posteriormente aparezca, queda formal y legalmente obligado a respetar las condiciones bajo las cuales recibió a esa persona.

De otra manera, la regla sería absurda: bastaría conseguir una extradición por un delito aceptable para el Estado requerido y, teniendo........

© El Diario