“Yo soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11:29)
Josef Pieper, uno de los filósofos más importantes del siglo XX, partiendo de la rica reflexión que ofrece Tomás de Aquino respecto a las virtudes, sobre todo en la Suma teológica, escribió una serie de pequeñas monografías sobre las virtudes, tanto las llamadas cardinales (Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza) como las teologales (Fe, Esperanza y Caridad); tiempo después se recompilaron las monografías y se editaron en un único volumen que recibió el título de Las virtudes fundamentales. Dentro de la sección que trata sobre la virtud de la Templanza, Pieper habla de la mansedumbre y de la humildad, virtudes también éstas y que derivan cada una a su modo de la Templanza.
Siguiendo a Tomás de Aquino, Pieper indica lo que significa la virtud de la Templanza, criticando a su vez, el uso actual que hacemos de la palabra, entendiéndola como una especie de auto moderación o limite en el comer, beber, etc., distando así, del sentido pleno de la misma. En realidad, la autolimitación o moderación respecto a algo, pudiera darse sin que necesariamente dicha moderación sea virtuosa, como es el caso del ávaro.
El temperarse más bien tiene que ver con el ordenamiento y armonización de toda nuestra realidad interior; es decir, la virtud de la Templanza consiste en un ordenamiento de todo nuestro mundo interior, de nuestras energías espirituales, psíquicas y sensibles, que tienen que ver con el desenvolvimiento, conservación y promoción de nuestra existencia, de tal manera que, podamos amarnos a nosotros mismos, sin que por ello se caiga en el egoísmo, ya que, tal ordenamiento, nos capacita para amar a los demás y desde el amor, sostener relaciones buenas con los otros. La auto moderación o auto limitación en la satisfacción de apetitos, deseos, búsquedas, pensamientos, etc., solamente podrá ser virtuosa y pertenecer a la Templanza, cuando se practique buscando el bien para nuestra propia vida y la vida de los demás.
La mansedumbre entra aquí, en concreto, como la virtud que nos ayuda a ordenar la pasión de la ira (o el enojo), que en sí misma es, como todas las demás pasiones, necesaria para nuestra vida. En concreto, Tomás de Aquino nos indica que, con la ira, cuando esta se encuentra en orden en nuestro interior, se puede reaccionar para erradicar el mal presente o evitar el mal que pudiera presentarse. En este sentido, la mansedumbre modera la ira para que con esta se reaccione contra el mal, pero nunca contra el prójimo, por ello, la........
