La familia que se apaga
Ciudad de México.- México siempre presumió algo que no venía en los tratados comerciales ni en los discursos políticos: la familia. Ese pequeño refugio donde, cuando todo fallaba, alguien todavía decía: “pasa, aquí hay café”.
Pero algo está cambiando. Y no es una percepción romántica: los datos ya lo están gritando.
El Global Mind Health Report 2025, elaborado por Sapien Labs dentro del Global Mind Project, un estudio internacional que analiza la salud mental con datos de cerca de un millón de personas en más de 80 países, revela una grieta preocupante en los vínculos familiares de las nuevas generaciones.
México ocupa el lugar 31 mundial en cercanía familiar entre jóvenes de 18 a 34 años, con apenas 61 % de vínculos estrechos. Para entender mejor el dato conviene mirar el contexto: dos posiciones arriba se encuentran Filipinas (29) y Sudáfrica (30), mientras que dos lugares abajo aparecen Polonia (32) y Estados Unidos (33).
No estamos en el fondo de la tabla, pero claramente ya no estamos donde solíamos estar.
Para ponerlo en perspectiva generacional: 75 % de los mexicanos mayores de 55 años todavía mantiene vínculos familiares cercanos. Nuestros abuelos todavía viven en el México que conocíamos. Nuestros jóvenes, cada vez menos.
El estudio apunta a varios factores que se entrecruzan. Uno de ellos es la entrada temprana al mundo digital: los jóvenes mexicanos reciben su primer smartphone alrededor de los 13 años. Otro es el consumo creciente de alimentos ultraprocesados, que en México alcanza 54 % de consumo casi diario entre jóvenes.
Pero cuando uno observa el panorama completo, el problema se vuelve todavía más evidente.
Los factores que el estudio indica concuerdan con el gran problema que representa el sobrepeso entre la población adolescente y joven de México. Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, alrededor del 38 % de los adolescentes mexicanos presenta sobrepeso u obesidad, una de las tasas más altas del planeta.
Es decir: mala alimentación, exceso de pantallas, poca convivencia familiar y una salud emocional cada vez más frágil. Y cuando la mente empieza a tambalearse, la sociedad también lo hace.
La propia evidencia social muestra que la precaria salud mental y emocional está contribuyendo al incremento del consumo de drogas entre jóvenes en las últimas décadas, fenómeno que las autoridades sanitarias llevan años documentando. Pero hay un síntoma cultural todavía más revelador.
Cuando la identidad se fractura, el ser humano empieza a buscar sustitutos. No es casual que en redes sociales esté creciendo el fenómeno de los “Therians”, jóvenes que afirman identificarse espiritualmente con animales y construyen identidades paralelas fuera de la realidad social tradicional.
Cuando una generación empieza a preguntarse si es humana, lo que está fallando no es la biología. Es la civilización.
Durante siglos, la familia fue la institución que enseñaba pertenencia, identidad y límites. Era el lugar donde uno aprendía quién era, de dónde venía y hacia dónde debía caminar.
Cuando ese centro se debilita, el individuo queda flotando. Y una sociedad de individuos flotantes es terreno fértil para la ansiedad, la confusión y el vacío.
“Ante la evidencia, el silencio es cómodo. La indiferencia el recurso del silente. Evitémoslo”. Recomiendo mis conferencias sobre La Familia.
La historia, la sociología y la experiencia humana coinciden en algo simple: ninguna política pública sustituye a la familia. Ningún algoritmo educa mejor que una mesa compartida. Ninguna ideología reemplaza el abrazo de casa.
No hay duda que el ingrediente primordial para el restablecimiento del tejido social, La Familia histórica, es lo más importante que hay. Entonces ahí está, El Meollo del Asunto.
