Así las cosas, con la justicia, soberanía y responsabilidad
Martin Luther King Jr. escribió una frase en su Carta Desde la Cárcel de Birmingham en la que afirmó: “la injusticia en cualquier parte es una amenaza para la justicia en todas partes”. Con ello pretendía mover a las personas contra la indiferencia y la apatía, porque los seres humanos estamos unidos por una red de reciprocidad; por eso, la injusticia no puede ser eterna ni debemos ser omisos, aunque esto exija tomar decisiones difíciles que demandan responsabilidad.
El pasado domingo 22 de febrero, nuestro país vivió uno de los episodios socialmente más complejos. El abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, mejor conocido como “El Mencho”, generó reacciones violentas en distintas partes del país y, desgraciadamente, la muerte de valientes militares mexicanos durante el operativo, así como de varios civiles inocentes. Esto nos obliga a reflexionar con serenidad, firmeza y sentido de Estado.
Es importante reconocer que el Estado mexicano actuó cuando las condiciones institucionales, de oportunidad estratégica y de inteligencia lo permitieron. La conducción política clara, encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum, confirma que la seguridad es una prioridad y que los mexicanos no estamos dispuestos a renunciar a ella, sobre todo con la conciencia de que la paz no se puede construir sin justicia.
Combatir a uno de los mayores generadores de violencia es una obligación irrenunciable, sin que esto sea un acto impulsivo ni mediático, sino una decisión basada en la inteligencia y, sobre todo, llevada a cabo en el momento institucional adecuado. La construcción de la justicia no siempre ofrece frutos inmediatos; en ocasiones, requiere paciencia institucional para evitar daños mayores.
Con el abatimiento de “El Mencho”, se ha demostrado el liderazgo de la presidenta Sheinbaum, un liderazgo que está dispuesto a asumir costos políticos al sostener decisiones complejas. El operativo confirma que el gobierno de la 4T está dispuesto a ejercer la autoridad con inteligencia y no solo por impulsos o cuestiones pasajeras; por eso, con esta acción coordinada, las Fuerzas Armadas reflejan el carácter y la fortaleza del Estado mexicano ante situaciones que demandan solidez y compromiso.
Esta acción desmonta la narrativa de la oposición, que ahora intenta presentar este hecho como un rompimiento con la estrategia del expresidente López Obrador, cuando en realidad es la evolución natural de una política que fortaleció el tejido social, atacando las causas profundas y consolidando las instituciones de seguridad. Sin una base social sólida ni legitimidad democrática, una acción de esta magnitud hubiera sido irresponsable, cuando no imposible.
Cuando se habla de que se actuó por presiones extranjeras, se falta al respeto al honor y a la vida de aquellos que murieron en cumplimiento de su deber. México actuó por decisión propia y de acuerdo con los tiempos y la oportunidad. Eso es ejercer la soberanía: decidir cuándo y de qué manera se ejerce la fuerza legítima del Estado. Por supuesto, la cooperación internacional es una herramienta valiosa, pero la determinación corresponde exclusivamente a México.
Debemos reconocer a los elementos de las Fuerzas Armadas que perdieron la vida, porque lo hicieron en cumplimiento del deber constitucional. El sacrificio que realizaron simboliza la entrega de miles de mujeres y hombres que todos los días arriesgan su vida por proteger a México. Cuando algunos opositores intentan desviar el debate, se pierde de vista el honor de quienes dieron su vida, el respaldo que merecen sus familias y el fortalecimiento de las instituciones. Pero la patria no olvida a quienes la defienden.
El uso legítimo de la fuerza no es un fin en sí mismo; es solo el instrumento para recuperar la tranquilidad en las comunidades afectadas, aunque este camino no sea corto ni fácil. La verdadera paz se construye con justicia, desarrollo y presencia institucional constante; por eso, el operativo no debe verse solo como una política de confrontación indiscriminada, como la de Felipe Calderón y Genaro García Luna, sino como una acción enfocada contra un generador de violencia que durante mucho tiempo lastimó a la sociedad mexicana.
