Odiadores
En condiciones humanas deplorables y tipologías de monstruitos diversos (solo cito una muestra porque a lo largo de los años se han sumado de muchas ... clases: pesados, tontos siempre peligrosos, buenos abominables, reñidores, los que no callan…), esas personas que hacen de la sociedad y la vida cotidiana marcos un poco más desagradables, me faltaban los odiadores vía internet, no había reparado en ellos como categoría propia merecedora de inclusión en la lista de cargantes y especímenes a evitar. Ha sido así en parte porque me borré de las redes sociales hace ya bastantes años. Pero la mayoría de los comentarios a mis columnas en la edición digital de este periódico ha hecho que sea consciente de esos pequeños tocapelotas.
Mantuve durante años una presencia algo activa en Facebook, que por entonces, junto con Twitter (que utilizaba menos), eran las redes sociales usadas. Solía poner mis diálogos mínimos que se publicaban en el periódico y algunas otras cosas. En general, los comentarios que suscitaban eran amables o al menos no hostiles. Pero de repente, ante un cuento que reproduje también después de haberlo publicado, un par de tuerce botas de los que no distinguen lo que es ficción, comenzaron a insultarme de modo reiterado. Cometí el error de explicar que era un relato, no una noticia ni mi opinión. Fue peor y redoblaron los ataques de modo más furibundo. Por supuesto, oculta su identidad por apodos; el enmascaramiento para practicar el insulto impune desde la anonimia es seña de identidad, o sea de falta de identidad, del triste personajillo: el odiador u odiadora, en traducción directa de 'hater'. Total, que me borré de las redes sociales, desaparecí. Cuesta un poco conseguirlo, pero se logra. Y no me he arrepentido del mutis.
Los comentarios a artículos en las ediciones digitales de los periódicos, con la excepción de algunas personas que elogian o critican o comentan de modo juicioso, es terreno abonado para que campen los odiadores más zurrapas, que con frecuencia no han entendido nada y sus ramalazos de remedo de pensamiento suelen estar a la misma altura que su sintaxis y ortografía. Prevengo a los que vayan a despacharse conmigo por sentirse aludidos en esta columna, que he dejado de leer todo comentario desde hace meses. Los últimos que leí fueron los de una columna que titulé 'Generalísimo', por el medio siglo de la muerte del dictador. Unos cuantos franquistas se encresparon. Contesté a uno: «No sabe usted poner ni comas y se permite insultarme». Y fin. Ojalá librarse de lo indeseable fuera tan fácil en otros campos como en este.
Límite de sesiones alcanzadas
El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.
Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.
Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.
¿Tienes una suscripción? Inicia sesión
