Supremacismo miserable
El filósofo estoico Séneca defendía en su carta 47 a Lucilio que debía dispensarse un buen trato al esclavo porque «ha nacido de la misma ... semilla que tú, goza del mismo cielo, respira de la misma forma, vive y muere como tú». No considerar iguales a tus semejantes está en la raíz de gran parte de las barbaridades cometidas a lo largo de la historia: el esclavismo (yo soy mejor o más rico que tú), las guerras de religión (mi dios es mejor que el tuyo), los genocidios (mi etnia y mi grupo son mejores que el tuyo), la violencia machista (el hombre es superior a la mujer), las exclusiones y agresiones por el color de piel, la cultura o la tendencia sexual y también los totalitarismos ideológicos que buscan al 'hombre nuevo' fascista o comunista, machacando a quien no piensa como ellos. Incluso tiñe de insensatez el deporte. Cualquier forma de socavar la dignidad, la voluntad y la libertad del ser humano tiene al supremacismo como nexo común. Es el nudo gordiano de atrocidades como la expulsión de judíos, moriscos, gitanos o rohingyas, la matanza de hugonotes o cristianos nigerianos, la cautividad de eslavos o uigures, la dominación del pueblo saharaui, el genocidio de yazidíes, armenios, judíos, ucranios, tutsis, bosnios o gazatís y la inferioridad mental de indios y negros.
Supremacismo y crueldad suelen caminar juntos para crear peligrosos demonios sociales. Combatir con éxito esta aberración exige conocer que es fruto del miedo al diferente que el ser humano lleva grabado en el cerebro desde los albores de la civilización y que, entre otras cosas, se traduce en una tendencia irrefrenable al tribalismo 'protector' y a regirse por la moral de los pequeños grupos: se coopera fácilmente con los miembros del grupo, pero cuesta hacerlo con los de fuera. Todas las expresiones del supremacismo carecen de razón científica: El humano de hoy es biológica y genéticamente igual al de hace 40.000 años. Afortunadamente, el funcionamiento cerebral, en especial el de la región frontal donde asientan las redes neuronales esenciales para elaborar juicios morales (entre otras cosas), ha mejorado gracias a la educación humanista y a políticas sociales y punitivas. Son procesos lentos que deben continuar por ser la única esperanza de modular el prejuicio ancestral.
¿Podría decirse que hay menos personas supremacistas, pero que quien lo es no lo puede evitar? F. Bethencourt, en su magna obra 'Racismos', discrepa de esta visión biológica. En su opinión, avalada por numerosos datos, el racismo y sus consecuencias han estado siempre al servicio de circunstancias políticas, económicas y sociales. Tal vez ambas visiones puedan conciliarse en una sola: El prejuicio es innato y la implantación de medidas discriminatorias es la guinda sociopolítica que conduce a la esclavitud, al genocidio y a otros atentados contra la dignidad humana.
Millones de personas siguen viviendo como esclavas, el supremacismo espolea muchas atrocidades
Hoy día, la superioridad étnica, moral y económica (esta última muy en boga) sigue estando presente en formas de esclavitud más sofisticadas, pero igualmente crueles, como el tráfico de personas para ser explotadas sexual o laboralmente. La migración, la marginación y la desigualdad extrema (en una palabra, la desesperación), están en su origen. Hay formas brutales, pero las más habituales son sutiles, silenciosas, casi imperceptibles y ocurren en hogares y empresas. Muchos migrantes que vienen huyendo de la miseria y sobreviven al penoso viaje, terminan viviendo y trabajando en condiciones infrahumanas. La ONU estima que la esclavitud moderna afecta a 27 millones de personas en el mundo, el doble que en 1850. China e India encabezan el infame ranking, aunque casi ningún país está libre de esta lacra. En España, tres de cada mil personas sufren algún tipo de explotación. A veces, como en el caso del matrimonio infantil, se disfrazan de cultura ancestral o son formas de pagar deudas o solucionar conflictos entre clanes. Además de la regularización de la situación legal de estos trabajadores, hay mucho trabajo por hacer para responder a este reto con contundencia y sensibilidad.
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