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A vueltas con el amor

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06.03.2026

Tengo el recuerdo de mi madre, fumando en el balcón y esperando a que sus hijos llegáramos enteros y a la hora acordada de la ... fiesta del pueblo donde veraneábamos. No sé si ella correría el riesgo de pensar en que lo de volver a casa enteros no era tan complicado como regresar con secretos y descubrimientos que nos modificarían la vida, y que por aquel entonces palpitaban en las sienes como el presagio de un terremoto. Un compañero hablaba del primer amor de su hija, preocupado por aquel imbécil al que su princesa miraba como si se tratara de un actor de cine y que con toda probabilidad no sería el padre de sus nietos. Le tranquilicé, ella no hacía sino recoger el guante de esa cita maravillosa que tenemos con el amor desde el inicio de nuestra vida hasta el último aliento. Iván Turgeniev publicó en 1860 una novela titulada así, 'Primer amor', y luego una gran mayoría de escritores ha caído en la tentación de evocar sus experiencias inolvidables escondiéndolas en los bolsillos de los personajes.

El riesgo de amar es en sí mismo un potente afrodisiaco que se nos entrega en un 'pack' repleto de hormonas que ya quisiera el mayor de los traficantes, y trae consigo ese primer relámpago cuya luz ilumina la consciencia de la vida. Pero el amor no llega cuando se le llama. Aparece a destiempo, a veces excesivamente pronto y otras demasiado tarde, y desde ese balcón donde nos preguntamos tantas cosas en las madrugadas reflexionamos sobre ese territorio común sentimental, del que poco se habla. Para eso están los artistas, los escritores, los cineastas, los que escriben los guiones o libretos de ópera. El ser humano obvia y silencia sus manifestaciones de amor, y en ocasiones lo infantiliza y denigra, tal vez, porque le parezca un terreno resbaladizo donde uno pierde los escudos, las armas y la cota de malla que reserva para otras batallas. Desde el mismo balcón llegan de madrugada los enamorados tardíos, esos jubilados que resolvieron el asunto como si se tratara de una sociedad mercantil que, ya disuelta, tiene prisa por apurar las añadas de ese vino que se perdieron y vuelven a retomar aquello de sexo, drogas y rock and roll.

Quizás por eso el Gobierno en su pasado Consejo de Ministros aprobó la creación de una «mesa interinstitucional de soledades con la finalidad de reforzar la coordinación y la participación de la Administración General del Estado y el tercer sector». No sé qué tendrán en la cabeza estos señores que nunca hablan o escriben para que se les entienda, pero yo insisto en que hay que hablar de amor, y situarlo en el lugar que se merece.

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