Oxígeno en la crisis
Las crecientes derivadas de la guerra de Irán han multiplicado sin control los frentes de incertidumbre en medio mundo. La crisis energética, el encarecimiento de ... la cesta de la compra, el riesgo de colapso en las cadenas de suministro y la inestabilidad en los mercados son las amenazas exteriores más visibles del conflicto en Oriente Medio, un mes después de los bombardeos de Israel y Estados Unidos sobre Teherán. Pero llovía sobre mojado porque Donald Trump ya se había encargado con su ofensiva comercial y sus aspiraciones anexionistas de llevar al límite el delicado equilibrio internacional. En un momento de fuertes incógnitas aún sobre el desenlace de la contienda y con el presidente de EE UU amagando con descolgarse de la OTAN, los gobiernos se preparan para capear el temporal en todos los niveles.
En el caso de Euskadi, los incentivos fiscales anunciados este miércoles por las tres diputaciones por un valor conjunto de 540 millones están concebidos para insuflar oxígeno a los sectores más agobiados por la falta de liquidez. En Gipuzkoa, las actuaciones forales se traducirán en una inyección de liquidez de 155 millones que alcanzará a 11.683 empresas y autónomos del territorio. Los eslabones más débiles son los que más sufren las consecuencias del retroceso económico y no es de extrañar que esas medidas tributarias –desde aplazamientos excepcionales de las deudas hasta un incremento de la deducción por generar puestos de trabajo– pretendan contener los latigazos que llegan desde el estrecho de Ormuz hasta el País Vasco, conjurado en sus tres territorios en la inversión, el empleo y el alza de precios. La espiral bélica obliga a establecer un horizonte de certidumbre para que las economías puedan seguir adelante sin excesivos tropiezos.
Ese debería ser el propósito de los programas anticrisis del último mes. La guerra obliga a una actuación concertada por parte de las diferentes capas de la administración del Estado para no replicar esfuerzos y dirigir con acierto las líneas de apoyo. Primero, el Gobierno de Pedro Sánchez organizó una rebaja del IVA en la luz y el gas, y bonificaciones en los combustibles que ya se notan en el bolsillo, dentro de un fondo global de 5.000 millones. Después, el Ejecutivo de Imanol Pradales movilizó mil millones en favor de trabajadores vulnerables, pymes y la industria más expuesta, aquejada de sus propias debilidades. Las Haciendas forales extenderán sus facultades fiscales para garantizar la agilidad en las ayudas.
Límite de sesiones alcanzadas
El acceso al contenido Premium está abierto por cortesía del establecimiento donde te encuentras, pero ahora mismo hay demasiados usuarios conectados a las vez.
Por favor, inténtalo pasados unos minutos.
Al iniciar sesión desde un dispositivo distinto, por seguridad, se cerró la última sesión en este.
Para continuar disfrutando de su suscripción digital, inicie sesión en este dispositivo.
¿Tienes una suscripción? Inicia sesión
