La fuerza de la publicidad
La vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz / Alberto Ortega - Europa Press
Estamos en el reino de la publicidad, que algunos llaman de la manipulación emocional. Gente que crea mensajes para que compremos una mercancía, aunque muchas veces esté averiada. Y como existe un exceso de comunicación y de ruido, que nos acompaña de la cuna a la tumba, para hacerse oír hay que afilar el ingenio. Desafiar los límites. Reclamar la atención al precio que sea.
El mejor creativo y el que más recursos tiene, Pedro Sánchez, definió el otro día una campaña de Sumar como «salseo». Así llamó al plante de los ministros y ministras comunistas que se negaron a sentarse en el Consejo si no se aceptaba su propuesta para congelar los precios de los alquileres e impedir los desahucios. Un plante que fue rápidamente filtrado a los medios de comunicación para que valorasen lo que estaba pasando: o sea, una izquierda de izquierdas, orgullosa e imbatible que se negaba a ceder ante otra izquierda de derechas. Y que ganó el pulso.
Debemos analizar el acto en su contexto. Hace pocos años habría sido increíble, pero las urgencias sobrevenidas lo hacen inevitable. Los comunistas andan de capa caída porque las elecciones los están empujando a la irrelevancia. Hay más publicidad en el aro de la oreja de Pablo Iglesias que en toda la extrema izquierda española. Cuando el joven profesor surfeó la ola de indignación del 15M hizo una exhibición de cómo se pueden aprovechar las fuerzas de la tectónica social, aún careciendo de grandes recursos económicos. Creó un personaje y arrasó. Un humilde pisito en Vallecas. Un joven equipo de soñadores que venían a cambiarlo todo. Un desafío a los políticos muermos, devorados por un sistema corrupto. Luego pasó lo de AliExpress. La diferencia entre lo que compras y lo que te llega. Porque la publicidad es un mundo onírico y la vida un ladrillo.
Pablo está ahora en su segunda campaña. Yolanda Díaz fue a Los Ángeles, en primera clase, para ver la glamurosa entrega de los Oscar del cine. Él se fue a Cuba para entregar ayuda humanitaria. Ustedes comparen. Es lo que él quiere. Lo malo es que ha aflorado que mientras unos navegaban en la flotilla que llevaba alimentos, él esperaba en una suite de un hotel de cinco estrellas en La Habana. Y es que cualquier buena campaña de publicidad puede estropearse si se filtra la verdad del producto.
«Una niña que no recorre 8 kilómetros para llevar agua a su casa puede estudiar», es el emotivo anuncio de Acciona que pueden leer a toda página en un periódico nacional. Hermoso mensaje publicitario que brilla en dos frentes: el de la mujer y el de la sostenibilidad. Igualmente podrían haber pagado una página con otro sugerente claim: «Un ministro que no recibe ofertas estaría más lejos de la corrupción». Y en vez del dibujo de una niña podrían haber colocado el perfil de un político famoso; quizás Ábalos o Santos Cerdán. Pero ahí tendrían que pagar derechos de imagen. Y no sería tan limpio, tan igualitario y tan feminista. Fue, sin duda, un acierto creativo. Sobre todo en la última frase fuerza del anuncio en el día mundial del agua: «Cuando el agua llega, las oportunidades crecen». Sin duda que sí. Lo mismo se podría decir de las carreteras en el Día Mundial del Piche.
Suscríbete para seguir leyendo
