Quienes siempre hacen un círculo para poder bailar
Entierro de la Sardina del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife 26 / Andrés Gutiérrez Taberne / ELD
Salir en carnavales con mis amigas es divertido porque siempre hacemos un circulito en la mitad de la multitud para poder bailar.
No siempre me gustaron los carnavales. Mi primer contacto con ellos fue a los trece años cuando me mudé a la Isla. Recuerdo que en clase la gente no paraba de hablar al respecto y cuando, un poco perdido, pregunté por qué se emocionaban tanto por la fiesta, no podían creerse que no supiera de los «mejores carnavales del mundo».
Entusiasmado por formar parte, convencí a mi madre para que me dejara salir con una amiga el sábado de Piñata: era 2017 y estaban muy de moda los kigurumis de animales, así que yo fui de pingüino. Pasamos el día en la feria y esquivando las olas de gente en la Plaza de España, experiencia que admito que no fue bastante gratificante y, de hecho, un poco agobiante para mi yo preadolescente al que no le gustaban las multitudes ni el alcohol.
Desde esa vez, asumí la fiesta como un compromiso al que asistir para no quedarme de lado y entre esas líneas de FOMO y poco disfrute me moví hasta que simplemente dejé de ir. No me arrepiento, si no salí era porque genuinamente no quería y el plan de aprovechar esos días libres para descansar me valía más la pena.
Pero todo cambió el año pasado. Era el último año de la carrera y mis amigas me convencieron de que nos lo pasaríamos «increíblemente bien». El plan era sencillo: íbamos a salir viernes, sábado, lunes y martes Indianos, y luego viernes y sábado otra vez (si iba a salir en carnavales, iba a salir en carnavales bien), y eso hicimos.
Desde diciembre estuvimos planificando un disfraz para cada día, al igual que decidiendo qué era más apropiado para llenar de polvos de talco la noche de los Indianos. Recuerdo estos meses con mucho cariño, porque entre tardes de recorrer bazares para encontrar una espada de plástico que se pareciera a la del Gato con Botas y listas de «lo que nos hace falta» reenviadas trescientas veces en un grupo de wasap, mis amigas me ayudaron a apreciar y disfrutar de algo que hasta ese punto me había dado completamente igual. Me permitieron emocionarme y mirar con anticipación algo que, de no ser por ellas, me hubiese puesto de los nervios y hubiese querido cancelar. Estaba oficialmente emocionado y listo para mis primeros carnavales y no podía creérmelo.
Cuando por fin llegó aquel viernes de cabalgata, me temblaban hasta las manos de los nervios. Pasé el día entero dándole vueltas a lo que iba a ser la noche y sobrepensando todos los escenarios posibles de lo que podía pasar. Como mi casa estaba más cerca, decidimos tomarla como base de control y arreglarnos allí. Creo que esa primera noche alistándonos en mi habitación, con la música a todo volumen y los disfraces desparramados por la cama, es de mis recuerdos favoritos. Especialmente, tengo en mente la imagen de tres de mis amigas haciendo turnos para intentar amarrarle un corset anaranjado a una cuarta: ella apoyada sobre una cómoda y las otras apretando las cintas.
La semana pasó con tanta fluidez que ni la noté. Cada noche hubo una anécdota nueva, cada noche se sentía como una oportunidad más de divertirse sin ningún impedimento.
Bailé, bebí, me reí un montón, me mojé con la lluvia y pasé un frío ártico esperando a que llegará el barco de las seis de la mañana para regresarnos de La Palma, pero siempre acompañado de mis amigas. Especialmente esa noche, que para evitar congelarnos, una de ellas y yo nos turnamos para abrazar al otro y dar un poquito de calor en medio del puerto, a esa hora gélido, de la isla bonita.
Este año, mi segundo saliendo en carnavales, decidí no hacer el itinerario completo e ir con un poco más de calma. Pude salir con gente nueva que me enseñó a vivir la fiesta a su manera y me permitió, también, disfrutar un montón, pero sin perder nunca la rutina de quedar con mis amigas en algún momento durante la noche. Chats de wasap llenos de: pasa la ubi, amoor dónde estas tú, estoy por las carrozas, nos vemos en la San Francisco, llego en nada, valeeee, avisa cuando llegues a casa, ya llegué, manda las fotos de anoche.
Así que, con mis dos años de experiencia, puedo decir que no sé con certeza si estos serán los mejores carnavales del mundo, tampoco creo que tenga la autoridad para determinarlo, pero sí puedo decir que la gente con la que salgo hace que lo sean. Espero que así pueda vivir muchos años más de disfrazarse, de comprar el mal alcohol de marca blanca, de debatir entre si ir a las carrozas o al Águila y de hacer un circulito en la mitad de la fiesta para, juntas, tener donde bailar.
