Del BOE como martillo
Carmen Calvo y Yolanda Díaz. / José Luis Roca
Gobernar no consiste en legislar mucho, rápido y mal. Pero la política de hoy no trata de gobernarnos mejor, ni de resolver problemas reales, ni siquiera de ordenar la vida económica o social con criterios de eficacia. Trata, simplemente, de hacer creer a los votantes que se gobierna mejor, que se resuelven los problemas, que se actúa con eficacia, o al menos que se gobierna mejor de lo que gobernaría el de enfrente. Por eso, los gobiernos nos machacan todos los días con decenas de leyes absurdas, aprobadas con prisa, plagadas de errores, mal redactadas y peor pensadas. Se hacen tantas leyes no porque sea necesario, sino porque los políticos tienden a creer que aprobar leyes –aunque sean leyes peregrinas– cambia el mundo, trasforma las sociedades, hace que la gente sea más feliz. Lo cierto es que una gran parte de las leyes que se aprueban hoy son sólo nuevas vueltas de tuerca a leyes y normas ya existentes. Se aprueban básicamente para demostrar a los propios que se pueden aprobar, que la oposición no puede impedirlo. Eso convierte el BOE en martillo y la realidad en un clavo.
El dictamen del Consejo de Estado sobre el nuevo registro horario digital impulsado por Trabajo es, en ese sentido, una pieza casi pedagógica: 106 páginas de advertencias, objeciones y........
