Hasta el fin
Imagen de archivo / Andrés Gutiérrez
Desde el interior de la biblioteca, a través de un ventanal, veo como se acerca lentamente, el pelo gris, el lento andar apoyado en el bastón, el gabán como tiritando sobre los hombros. Se detiene y después de alguna duda, como si no reconociera algo, pasa por fin por la puerta, y un bedel lo acerca a la mesa donde estoy leyendo –para mi sorpresa– Empresas políticas o idea de un príncipe político cristiano, de don Diego de Saavedra Fajardo. Usted casi se deja caer en la silla pero sonríe y se dirige a mí con la voz dubitativa que he escuchado en docenas de entrevistas.
– ¿Está muy bien, no? Yo lo leí por primera vez siendo un chico, en Madrid, y me gustó mucho.
– Está muy bien escrito.
– Sí, me parece que sí, aunque, bueno,........
