El mirador de la verdad
El mirador de la verdad / Andrés Gutiérrez
Vengo de las manos rotas y el madrugón amargo. De ahí vengo. Del sudor limpio de mi padre. De su lomo doblado ante el «amo» de turno. Aquellos tiempos sin horarios ni salarios mínimos en los que imperaba la ley de la conveniencia. Una injusticia vestida de rutina. Vengo de una madre coraje. Cinco hijos a la espalda y otra niña que se fue al tercer día.. Y un reloj sin horas. A las cinco de la mañana salía a arrancar lentejas. Las matas que se le escaparon a la segadora. Para quedarse con un miserable diez por ciento de las que recogía. Luego ordeñaba las dos vacas que había en casa. Después, limpiaba suelos ajenos. Y cocinaba. Dentro y fuera de casa. Un torbellino de entrega generosa. Una lección viva de dignidad. Sin quejas. Con el alma en cada esfuerzo.
En casa no sobraba nada. Pero nunca faltó nada. Tuvimos coche desde que estrené el carnet. De segunda mano, claro. Varios. Duraban poco. Los muebles se cuidaban como se cuidaba todo. Éramos ricos en lo........
