Cuando el poder organiza el silencio
Durante muchos años, quienes ejercemos el periodismo aprendimos a convivir con la intimidación. Hubo una época en que las amenazas llegaban mediante mensajes de texto anónimos a nuestros teléfonos. Eran tiempos en los que el acoso tenía un rostro rudimentario: alguien escribía desde el anonimato con la intención de sembrar miedo y desalentar una investigación o una opinión incómoda. Hoy esa realidad parece casi artesanal.
La intimidación evolucionó al ritmo de la tecnología, ya no depende únicamente de una persona detrás de un teléfono, sino de estructuras organizadas capaces de instalar tendencias, amplificar mensajes, hostigar voces críticas y disputar el control de la conversación pública. El problema dejó de ser la amenaza individual para convertirse en una estrategia de influencia sobre la opinión pública.
Mientras en 2006 Venezuela ya exhibía mecanismos sofisticados de movilización digital vinculados al proyecto político de Hugo Chávez, Bolivia apenas comenzaba a descubrir el potencial de Facebook y........
