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El retrato de María Serena

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Hoy ha sido el peor día de mi vida, si vida puede llamarse a estar durante décadas colgada en una pared. Lo que sucede es que fallecí a los 40 años y de eso ya pasan como ochenta, según mis cálculos. 

Soy María Serena Montero Claubert, una de los miles de mujeres criollas que vivíamos en condiciones de desigualdad en Santa Cruz de la Sierra, mi tierra. Cuando digo que estuve colgada en una pared, creo que es fácil adivinar que era un retrato. Estuve durante muchísimos años en el living, que entonces llamábamos la sala, luego estuve en el velador de mi hija Lucía, después viajé a París y Londres cuando mi nieto Hernando estuvo como embajador en las dos capitales consecutivamente, y estuve, en ambas oportunidades, puesta sobre vistosas chimeneas de mármol, rodeada de luces, hasta muy tarde, deseando el champán que bebían, y el Beluga que comían; oyendo pláticas interesantes en inglés y francés, idiomas que dominaba; enterándome de la guerra en Europa o de la quiebra mundial del 29; espectando grandes negocios, grandes intrigas, y amoríos que a veces se iniciaban o terminaban en mi delante. Yo permanecía en el mayor silencio, sin decir ninguna palabra porque no podía, aunque muriera por hablar y aconsejar cuando escuchaba decir algunas sandeces. 

Hasta hace escasas horas, oía y miraba, pero ahora me ha atrapado la oscuridad, una lobreguez fría. Oír y mirar........

© El Deber