La popularidad de la “justicia social”
He criticado varias veces en esta columna la perniciosa idea de la “justicia social.” Mi argumento (asentado, por supuesto, en una larga tradición liberal) es que la justicia no puede adjetivarse. No puede haber justicia, propiamente dicha, si su administración persigue objetivos que van más allá de la objetiva observación de los hechos y los méritos de los que la buscan. Un juez que imparte justicia deberá castigar al ladrón al comprobarse el robo, independientemente de que el ladrón sea muy pobre y provoque lástima, o de que la víctima sea muy rica y provoque antipatía. Es un contrasentido, por lo tanto, hablar de “justicia social,” “justicia redistributiva,” “justicia indígena,” “justicia alimentaria,” etc. La justicia es justicia y punto.
La imparcialidad (el respeto a los hechos y no a las emociones) es fundamental y está representada por la venda que cubre los ojos de la Dama de la Justicia, la representación alegórica de la justicia de la antigua Roma. Aparece incluso en la Biblia (Levítico 19:15): “No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al rico; con justicia juzgarás a tu prójimo.” Su importancia radica en que garantiza que todos (sin importar el nivel de ingreso, edad, lugar de origen, color de piel,........
© El Deber
