La inmoralidad de los aranceles
La prosperidad y el florecimiento humano solo son posibles cuando la gente intercambia bienes y servicios de manera voluntaria. No es una exageración, el intercambio de bienes y servicios es el pilar fundamental del desarrollo. Los seres humanos descubrimos que podíamos crear riqueza el momento en que nos dimos cuenta de que podíamos obtener lo que necesitábamos a un costo mucho menor si intercambiábamos con los demás.
Imaginen una sociedad muy simple en la era de las cavernas en la que uno de los miembros de la tribu es un magnífico cazador. Este hombre puede cazar cinco ciervos al día cuando los demás no llegan con suerte a dos. Dado, sin embargo, que el cazador no se puede comer él mismo los cinco ciervos cuando vuelve a casa, está dispuesto a intercambiar alguno o varios de ellos por manzanas, ropa o alojamiento. Por su parte, y aunque son muy malos para cazar, los otros miembros de la tribu son duchos construyendo chozas, haciendo vestimenta con piel o cultivando manzanas. El cazador y los demás miembros de la aldea se dan cuenta muy rápidamente, entonces, de que no vale la pena usar su tiempo (y demás recursos que son siempre escasos) tratando de producir aquello que les tomaría más esfuerzo que a los demás. Se dan cuenta que es mejor intercambiar. El trueque les permite a todos generar riqueza porque obtienen lo que necesitan a un costo menor al que ellos mismos hubieran incurrido si trataban de producir todo a la vez. El trueque genera un mercado y es fácil imaginar que una vez por semana el centro de la aldea se convierte en un lugar en........
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