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Ángela Vivanco: muñeca brava

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31.01.2026

Siempre me llama la atención qué nos alarma y qué no. Un accidente en el metro, un dirigente viejo que vuelve a militar, un dicho no del todo aclarado de un vocero pueden llenar titulares durante semanas, mientras pasa casi inadvertida una noticia que debería estar en el centro del foco informativo: una ministra de la Corte Suprema que posa con un chaleco amarillo de inculpada en los tribunales.

La noticia, por cierto, es portada de todos los medios, y nadie niega su gravedad, aunque sería difícil negar que no sentimos plenamente su peso. Este complicado caso que involucra empresas bielorrusas, abogados y conservadores de bienes raíces todoterreno nos puede horrorizar intelectualmente, pero no nos asusta, cuando es quizás lo único realmente peligroso que está sucediendo en Chile. Porque si realmente entendiéramos la magnitud de lo que significa que el Poder Judicial esté podrido desde arriba, tendríamos que aceptar que no hay red de seguridad, que no hay institución confiable, que el sistema entero está viciado. Y eso es demasiado aterrador para procesarlo un martes cualquiera mientras tomamos café y revisamos las noticias. Es más fácil escandalizarse con lo pequeño—el accidente del metro, el dicho desafortunado del vocero—porque eso no amenaza nuestra fe básica en que las instituciones funcionan y que lo único malo que puede ocurrirnos es aguantar la cumbia y la salsa del vecino venezolano pasado a arepa.

¿Por qué no nos apasiona el caso de la muñeca bielorrusa? La novela, si........

© El Dínamo