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La tormenta perfecta

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14 de abril 2026 - 03:08

En torno a Vox se alinean las condiciones de una tormenta perfecta. Su muy bien trabada red de relaciones internacionales, motivo de orgullo del partido, se ve zarandeada de forma imprevista. Las intervenciones bélicas de Israel resultan cada vez más inasumibles para sus aliados naturales. Trump parece creerse, no ya Napoleón, sino Federico II, el stupor mundi, y arremete contra el Papado con inmenso desafuero. Eso desestabiliza las bases de Occidente y, en particular, a la derecha, más aún a los líderes cercanos al presidente estadounidense. Un referente de firme sensatez como es Viktor Orbán ha sido derrotado en las elecciones de Hungría, en parte por los húngaros y en parte por el acoso y derribo de la UE.

Las desafecciones y las críticas de los que se fueron de Vox, extraordinariamente amplificadas por los altavoces mediáticos, están produciendo un leve desgaste, no entre la militancia, que es aguerrida y sólida, pero tal vez entre la afición. Los pactos empantanados en Extremadura, Aragón y Castilla y León han empezado a pasar factura. Mi impresión es que el PP –que no encontraba un resquicio para hacer daño al rival de su derecha– lo ha visto y está durmiendo el balón a la vez que acusando a Vox de dormir el balón.

Por último, está la campaña andaluza en ciernes. Moreno Bonilla aprovechará todo lo precedente, más su sintonía ontológica con el votante socialista andaluz, más tranquilo y acomodaticio que en otros sitios de España y menos sanchista que nadie. Le ayudará la candidata socialista, tan sanchista, tan sobreexcitada, que ha cobrado impuestos sin tasa y que ha beneficiado sistémicamente a los separatistas. Moreno Bonilla se va a poner las botas por la izquierda, a la que ha mimado tanto. Vox subirá, pero tendrá que trepar mucho para alcanzar su verdadero objetivo: resultar imprescindible e impedir que Moreno Bonilla se duerma en los laureles de la absoluta.

Es una tormenta, pero se equivocaría quien la confundiese con un cambio climático. La fortaleza de Vox es de largo aliento y se basa en que no hay ningún otro partido que afronte ciertos problemas como la inmigración masiva, la soberanía menguante, la demografía hundida, el desamparo de los jóvenes y el vaciamiento ético. Por eso habrá Vox para rato. Ahora toca capear el temporal, que es temporal.

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