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Un oasis en el desierto

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04.07.2026

Maria Dolores en su vivero / Reyes Gallegos

Caminando a 40 grados junto a la muralla histórica de Sevilla por la avenida Resolana, dejando atrás el arco de la Macarena, pensaba cuánto se agradece que hace pocos años, en el tramo por el que voy, se sustituyera uno de los cuatros carriles de coches para ensanchar el carril bici y la acera, separándolos con alcorques corridos bajo la alineación de árboles. Este gesto se agradece no sólo porque bajo la sombra la temperatura desciende entre 5 y 15 grados, sino porque el dique de vegetación hace de barrera al ruido y al humo de los numerosos coches que circulan por aquí, además de mejorar la sensación de seguridad.

Cualquier avenida de cualquier ciudad debería contar con elementos de estas características. Sobre todo, si estamos en una ciudad tan calurosa como Sevilla, donde ni siquiera encontramos fuentes de agua potable para refrescarnos, y las plantas de los pies se queman, incluso con los zapatos puestos, por la alta temperatura que emiten los suelos de cemento y asfalto. Algunos ayuntamientos ya han comenzado a realizar acciones en este sentido. Hay casos interesantes de concursos públicos para despavimentar las plazas de hormigón. Y es que un suelo blando y permeable también consigue disminuir las temperaturas.

Pero sigamos caminando al borde de la muralla histórica de Sevilla. Un poco más adelante, a la altura de la Puerta de Córdoba, hay una puerta pequeña que pasa desapercibida si no te fijas en un genuino cartel blanco con letras color burdeos escritas a mano que pone Casa........

© El Correo de Andalucía