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Apatrullando la ciudad

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13.03.2026

Patrulla ciudadana en la barriada El Cerezo de Sevilla. / Europa Press

El Cerezo es uno de esos barrios de Sevilla que -salvo contadas excepciones- no aparece en los medios de comunicación si no es para mal. Estos días copa portadas porque algunos de sus vecinos han organizado patrullas nocturnas. Grupos de muchachos con la agresividad a flor de piel apatrullan las calles de la barriada en busca de gorrillas y personas sin hogar. Una aberración incivilizada impropia de una sociedad democrática, pero también el síntoma de algo más profundo. La iniciativa vecinal es delictiva, pero también indicadora de un malestar que no puede despacharse aludiendo simplemente a la ideología ultraderechista de estas escuadras violentas.

Con demasiada irresponsabilidad, autoridades y periodistas simplones conectan la situación con la cantidad de extranjeros que habitan el barrio y que en algunas zonas alcanza el 20% de la población. Culpar al inmigrante es fácil y echar gasolina al fuego del racismo sale demasiado barato. Sin embargo, el origen nacional de los habitantes apenas tiene que ver con el enfado de los vecinos. Las patrullas son en realidad la reacción al abandono y el deterioro del Cerezo y, de hecho, muchos jóvenes latinos contagiados de espíritu justiciero se integran en ellas.

El problema real en el origen de este estallido vecinal se llama simplemente pobreza y su acumulación en determinados barrios tiene que ver con el modelo de ciudad. Fomenta la concentración de bolsas de miseria extrema en la periferia. Las administraciones abandonan sus funciones en esas zonas, que caen en la marginalidad. Todo ello crea una presión que dificulta la vida misma hasta que vecinos y vecinas desbordados acaban por buscar soluciones simples, como las patrullas, a un problema complejo.

El problema real en el origen de este estallido vecinal se llama simplemente pobreza y su acumulación en determinados barrios tiene que ver con el modelo de ciudad. Fomenta la concentración de bolsas de miseria extrema en la periferia

El problema real en el origen de este estallido vecinal se llama simplemente pobreza y su acumulación en determinados barrios tiene que ver con el modelo de ciudad. Fomenta la concentración de bolsas de miseria extrema en la periferia

Las causas son estructurales y los culpables ocupan cargos políticos. Empiezan en el precio mismo de la vivienda. El modelo turístico sevillano ha llevado a un aumento desproporcionado de casas y alquileres en el centro de la ciudad convertido en museo. Como en ondas expansivas concéntricas la población se va desplazando hacia afuera en razón de su renta. Las personas con menos recursos acaban viviendo juntas en los lugares más alejados y en las construcciones de peor calidad. Los guettos económicos se evitarían con una auténtica política de viviendas de protección oficial. Pero eso es incompatible con unos gobernantes movidos solo por el afán de enriquecer a los más ricos. Aquí sólo se construye vivienda protegida en las zonas del extrarradio que a las inmobiliarias les interesa promocionar. Las administraciones no tienen una oferta significativa de alquileres asequibles para quien lo necesita y prefieren invertir esos recursos en rebajar la adquisición de pisos de lujo por familias acomodadas. Hasta 350.000 euros pide este ayuntamiento por una VPO pensada para regalar dinero público a quien ya lo tiene.

Tampoco son ajenas las administraciones a que en el Cerezo haya tanta gente de fuera. Si la pobreza se ceba en las personas de origen extranjero no es por casualidad sino por las dificultades que encuentran para regularizar su situación. Pese a su buena disposición, se les impide trabajar condenándolas a sobrevivir de mala manera en los pocos barrios asequibles.

Y la pobreza conlleva siempre marginalidad. En El Cerezo, como en otros barrios parecidos, hay un grave problema relacionado con el consumo de drogas. Personas adictas a diversas sustancias sobreviven de mala manera en sus calles convertidas apenas en una sombra de humanidad. En una espiral viciosa, a ellas se suma la población sin hogar, con frecuencia producto de graves problemas de salud mental no tratados. A medida que nuestra ciudad recorta los recursos en servicios sociales, deja sin asistencia profesional adecuada a las personas que acuden al albergue municipal de transeúntes -cuyas plazas han disminuido dramáticamente- y a quienes padecen los trastornos y adicciones citados. Prácticamente se los manda a la calle y allí se quedan.

Los vecinos de El Cerezo denuncian la existencia de gorrillas buscándose la vida de mala manera; personas durmiendo en la calle; peleas por temas de drogas. Todo ello es consecuencia del abandono de las políticas sociales por parte de unas autoridades que están a otra cosa. Las mismas autoridades que cuando perciben que una zona empieza a acercarse a la marginalidad la abandonan del todo. Por eso muchas calles del barrio están a oscuras, sus jardines no se cuidan y cuando alguien vuelca un contenedor para rebuscar en su interior los servicios de limpieza no lo recogen. El Ayuntamiento fomenta la marginalidad de El Cerezo al dedicar sus esfuerzos solo al centro de la ciudad, escaparate para turistas.

Los vecinos de El Cerezo denuncian la existencia de gorrillas buscándose la vida de mala manera; personas durmiendo en la calle; peleas por temas de drogas. Todo ello es consecuencia del abandono de las políticas sociales por parte de unas autoridades que están a otra cosa

Los vecinos de El Cerezo denuncian la existencia de gorrillas buscándose la vida de mala manera; personas durmiendo en la calle; peleas por temas de drogas. Todo ello es consecuencia del abandono de las políticas sociales por parte de unas autoridades que están a otra cosa

La situación desborda con creces al alcalde de Sevilla. Las patrullas lo pillaron disfrutando de unos días de vacaciones en Nueva York pagadas a costa del erario público. Se dedica a disfrutar del cargo y repartir dinero a sus empresarios de cabecera. Sin un modelo habitable de ciudad en mente afronta los problemas con vídeos promocionales y echándole siempre la culpa a otros. Esta vez, a la Policía Nacional. Como si la gestión de los albergues, la limpieza, la iluminación y el urbanismo no fueran competencias suyas. O como si las adicciones, la pobreza y el sinhogarismo se arreglaran simplemente con más policía.

La dejadez de funciones públicas es el caldo de cultivo del fascismo. Dicen los vecinos que detrás de estas patrullas están los mismos grupos fascistas que el año pasado taparon el mural con mujeres dibujado en las tapias del colegio Blas Infante. Son matones en busca de un hueco que lo mismo instrumentalizan el machismo endémico, que el miedo a los musulmanes o las protestas de un barrio cada vez más degradado. Esta vez se les han unido vecinos de buena fe. Desesperados, creen que tomarse la justicia por su mano y apalizar a personas con problemas mentales o de adicciones va a resolver el abandono de su barrio. Es un disparate lógico, y un delito. Tan ilegal es chantajear a un vecino por cuidarle el coche como amenazar o agredir al que lo hace. Es el momento de recuperar la cordura, no caer en la violencia y exigir responsabilidades a los auténticos culpables. El Cerezo no tiene un problema de delincuencia, sino de marginalidad.

Estos días un despliegue de policía nacional, con caballos, perros y varias unidades especiales ha vuelto a rodear el barrio y peinar una a una sus calles. Es la séptima vez que lo hace en los últimos meses. En una actuación un poco desproporcionada ha llegado a identificar hasta a un centenar de personas... Y todo para detener a tres pendientes de citación judicial por delitos menores. ¿Alguien cree que gracias al arresto de esos tres pobres desgraciados ha mejorado algo en el barrio?

Digan lo que digan los belicosos columnistas rancios de la ciudad desde sus tribunas de bar, reducirlo todo a un tema de seguridad ciudadana es un despropósito. Combatir la pobreza y la marginalidad con policía es como ponerle puertas al campo. En el mejor de los casos la presencia policial constante y abrumadora podría desplazar a estas personas a otras zonas cercanas. Poco más.

La solución pasaría, en primer lugar, por evitar la concentración de pobreza en los mismos barrios. Eso requiere fomentar la vivienda pública de alquiler y asequible por toda la ciudad; facilitar la regularización de inmigrantes asentados en nuestra comunidad; invertir en recursos asistenciales para personas sin hogar que incluyan su seguimiento y atención; atender debidamente a las personas con problemas mentales ofreciéndoles soluciones adaptadas. Además, los servicios de limpieza, de parques y demás deben emplearse en los barrios tanto como en el centro.

No parece un plan imposible, pero exige una altura de miras y una visión estratégica de la que nuestro Ayuntamiento y el resto de administraciones carecen por completo. Los vecinos y vecinas del Cerezo han conseguido llamar la atención sobre la situación de su barrio. Ahora solo falta que dirijan su rabia contra los verdaderos culpables, que no son los pobres desgraciados que malviven en sus calles sino las autoridades que no hacen su trabajo.

Ayuntamiento de Sevilla

Policía Local Sevilla


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