Mejor un genio literario aislado que cuidar un ecosistema: las costuras del premio Aena
España ha tendido a ser, históricamente, un país de genios aislados más que de grandes ecosistemas. Las instituciones han preferido el gesto espectacular o la discrecionalidad. Si uno era artista y quería prosperar en el Siglo de Oro, tenía que arrimarse a la Corte o a la Iglesia. Si quería hacerlo en el siglo XX, directamente huía a París. Esa era la disyuntiva: o pasar por el aro del oficialismo, con sus escasas plazas y su humor mutante, o cambiar de medio en busca de un futuro mejor. Que en Las Meninas salieran reflejados Felipe IV y Mariana de Austria puede leerse como un extraordinario gesto técnico; también como un pequeño peloteo de un pintor que, no olvidemos, dependía exclusivamente del favor del rey. Y así hasta nuestros días.
El monumental premio de Aena, anunciado la semana pasada, es por tanto pura tradición española. Es el poder con su varita mágica. ¿A quién haremos millonario en esta edición? Alimento para el pensamiento mágico: a falta de clase media, lotería.
La coincidencia en cuantía con el Premio Planeta invita a la comparación, pero más allá de intenciones ocultas, conviene hablar de lo esencial: el modelo. Un galardón extraordinario, por definición, es un gesto singular. Y lo singular genera titulares, prestigio y conversación. Lo estructural, en cambio, rara vez lo hace. Tampoco nadie puede arrogarse exclusivamente su paternidad, ni cobrárselo en favores más tarde. Quizás por eso interesa menos.
Por no caer en el “todo mal”, el premio tiene virtudes evidentes. La primera, que se entregue a obra publicada. La sempiterna casualidad del escritor famoso con manuscrito anónimo —y premiado—, que usan las editoriales para robarse estrellas o lanzarlas, es una mentirijilla que sabemos todos. Pero que las editoriales hagan con su dinero lo que quieran, faltaría más. Es cosa suya. Esto es cosa nuestra.
Esto no va a contribuir a mejorar la literatura en español, ni a fortalecer su ecosistema. Simplemente va a hacer a un tipo millonario
Otra virtud del premio: tampoco hay razones para desconfiar de la calidad del jurado ni de la pluralidad de sensibilidades que lo componen, algo que debería ser norma en lo público. No es solo buena: es muy buena.
¿Entonces, Santiago, qué es lo que te pica? ¿La cifra, el gesto, que nunca te lo van a dar a ti?
Lo que me da pena es que esto no va a contribuir a mejorar la literatura en español, ni a fortalecer el ecosistema que la mantiene viva. Simplemente va a hacer a un tipo millonario. Como todo lo espectacular, su objetivo es tapar las mil deficiencias cotidianas con un artefacto brillante, sonoro, genial: ¡dinero! Pero las estructuras no se construyen con fuegos artificiales.
Al día siguiente de la entrega quedarán los restos de confeti, los ceniceros rebosantes y las copas medio vacías. Y entonces habrá que volver a levantar la persiana de las librerías que todavía no hayan cerrado, las editoriales pequeñas seguirán boqueando con el agua al cuello, los traductores seguirán viendo mermados sus ingresos por las traducciones chuflas de la IA y la gran mayoría de escritores continuarán en el pluriempleo absoluto rascándole horas al día para poder escribir. Habrá, eso sí, un nuevo genio aislado, favorito de la Corte. Del mismo modo que, el 22 de diciembre, siempre hay algún nuevo millonario en España. Es el día que dan el Gordo de Navidad. Seguiremos fabricando excepciones.
