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El Papa en el Congreso: su reino tampoco es de este mundo

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11.06.2026

Cuando llega el turno de Míriam Nogueras, lo agarra fijamente de la mano con esforzada sonrisa y le dice, en inglés, "Su Santidad, como Gaudí, soy catalana. Hablar el idioma de la tierra que te acoge es un maravilloso acto de amor y respeto. Espero que disfrute de su visita a Cataluña, mi nación".

Obsérvese cómo, siguiendo la línea ramplona de cualquier nacionalismo, Nogueras se arroja la comparación con lo mejorcito que ha dado su tierra. Su compañero Pujols se mete en el saco del también extraordinario músico Pau Casals. Ninguno dice "Su Santidad, como los esclavistas del siglo XIX, soy catalana", aunque el nexo en común de todos estos sintagmas históricos (Gaudí, Casals, Nogueras, Pujols y los esclavistas) sea el mero hecho de su catalanidad. Es el absurdo del destino colectivo, del identitarismo nacional: una ceguera voluntaria. Ser catalán, igual que ser español, no significa absolutamente nada, no amerita nada. Son solo cursis ensoñaciones.

("Su Santidad, como Cervantes, soy un escritor español").

Prevost aguanta estoicamente —debe de tener las falanges desgastadas de tanto apretón, los ojos cansados de tanta gente—, asiente y cuando la señora le suelta el brazo prosigue con el protocolo.........

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