¿Santiago Abascal en la Moncloa?
Las interrogaciones que delimitan este artículo —¿Santiago Abascal en la Moncloa?— describen un movimiento inminente e inevitable de la política española. Conviene empezar a familiarizarse con la llegada del timonel de Vox al núcleo del poder ejecutivo, aunque sea para abastecernos preventivamente de los anticuerpos.
Y no es imprescindible que Santiago Abascal desembarque en la Moncloa como presidente para que su presencia condicione el paisaje y determine el destino de los ciudadanos. Basta con imaginarlo en la antesala, en un despacho adyacente, ejerciendo de escudero con galones de vicepresidente y con la autoridad intimidatoria que su figura suscita entre aliados y adversarios.
El ascenso de Vox se antoja irremediable incluso prescindiendo de la estrategia holgazana de Abascal. No es tanto un mérito del partido como una consecuencia del clima emocional que atraviesa el país emotiva y justicieramente. El voto del cabreo, la energía trepidante del antisanchismo, la pulsión de castigo abastecen el ciclo virtuoso de Vox más allá incluso de los esquemas ideológicos.
Cuesta trabajo creer que el 20%........
